Una bala

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De la vida -si no fuera tan real- podríamos decir que está llena de figuras retóricas. Es una gran alegoría en la que muchas cosas de las que vemos o que nos suceden parecen metáforas de algo, mientras intentamos explicarlo con eufemismos.

Además, está llena de aliteraciones, analogías, antítesis, anáforas, dobles sentidos, paráfrasis y perífrasis, pleonasmos, muchos pleonasmos, retruécanos, metonimias, y hasta anacolutos. Y qué me dicen de los oximorones (¿se escribe así el plural?), está todo lleno de ellos.

Aunque ahora, para contar esto, voy a echar mano de la sinécdoque.

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CON UNA BALA
Detenido por amenazar de muerte por una deuda
La Policía Nacional ha detenido a un joven de 25 años como presunto autor de un delito de amenazas graves tras mostrar una bala al dueño de un bar, que mantiene una deuda económica con su padre, y advertirle: “Esto te lo voy a meter en la cabeza”.

A pesar de lo desagradable de la escena, no deja de haber en ella cierta sutileza (bueno, una sutileza algo brutal).

En lugar de aparecer en el bar con una pistola o un aparatoso rifle, entró en el local con parsimonia mientras sacaba del bolsillo una bala, una bala que, sostenida entre el pulgar y el índice, le acercó a la cara del dueño, para que la viera bien: “Esto -y aquí el inicuo demostrativo esto se llenó, hasta provocar pánico, de significado– esto te lo voy a meter en la cabeza”.

Y no necesitó llevar una pistola o un rifle -que a lo mejor, ni tenía- porque recurrió -creo que sin saberlo- a una sinécdoque, esa figura retórica en la que una parte de algo -en este caso, la bala- es usada para representar el todo -el rifle o la pistola.

Lo que nunca sabremos es si la amenaza –una parte de la venganza prometida- también puede ser considerada como una sinécdoque, al ser usada para representar el todo, en este caso, la deseada muerte del dueño del bar, si no paga lo que debe.

Esa amenaza -la bala (“esto”) penetrando en la cabeza del dueño del bar- confiemos en que no sea más que una hipérbole, ya saben, otra figura retórica que consiste en exagerar, de tal manera que el que recibe el mensaje le otorga más importancia a la idea del mismo que a la acción que representa.

No es más que un tropo que consiste en una exageración intencionada con la única finalidad de plasmar en el interlocutor una idea o una imagen difícil de olvidar. El dueño del bar puede dar buena fe de ello.

No solo los ladrones o criminales, también los grandes maestros de la historia de la literatura han recurrido a menudo a esta figura literaria.

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