Bueno, ¿y qué es lo que haces ahora?

Signo_de_pregunta

Si te preguntan qué es lo que estás haciendo ahora, siempre puedes contestar, sin mucho entusiasmo: “Bueno, ahora estoy estudiando mecánica celeste por correspondencia. Y en los ratos libres, ya por mi cuenta, la música de las esferas”.

También puedes responder, cuando te pregunten si estás haciendo algo: “Ahora estoy estudiando el comportamiento de las aves limícolas. Es apasionante”.

Si te para en la calle algún conocido y te pregunta, es recomendable contestar como con prisa y mucha determinación: “No te lo vas a creer, pero me he puesto a estudiar corte y confección. Sí, como lo oyes. En una academia”.

Aunque queda mucho mejor, si te preguntan qué es lo que tienes ahora entre manos, responder con cara de preocupación y mirando al suelo: “Ahora mismo estoy estudiando la transvanguardia”.

Si siguen empeñados en saber a qué te dedicas ahora, puedes contestar: “Pues ahora me estoy iniciando en el estudio del comportamiento de las capas freáticas cuando interactúan entre sí debido a agresiones externas”.

Si te abordan, y pretenden saber qué es lo que haces, siempre puedes contestar: “Estoy estudiando taxidermia por las noches”.

Si te preguntan algo así como, bueno, ¿y ahora a qué te dedicas?, siempre queda bien contestar: “Pues estoy estudiando búlgaro medieval. Ya, ya sé que no tiene muchas salidas… pero me apasiona”.

Si en mitad de una conversación intranscendente, como el que no quiere la cosa, te preguntan a qué te dedicas ahora, hay que contestar a bote pronto y sin dudar, mientras le miras fijamente a los ojos: “Bueno, ahora estoy estudiando la flora arbustiva de la Patagonia. Esta primavera me largo para allá”.

Si se empeñan en saber qué es lo que haces ahora, con tanto tiempo libre, es mejor responder con cierta indiferencia: “Pues ahora estoy estudiando los ritmos y cadencias de la percusión hindú. El problema son los vecinos”.

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Orégano

oregano

Afortunada-o desgraciada-mente no todo el monte es orégano.

Si todo en el monte fuera-o no fuera- orégano, tendríamos graves problemas para distinguir una cosa -el monte- de la otra -el orégano. Por eso es tan importante que haya orégano en el monte. Pero igual de importante es que no todo sea orégano en el monte.

Porque demasiado bien sabemos que no todo el monte es orégano. Aunque nos encantaría vivir en un monte en el que todo fuera orégano, sabemos -con cotidiana certeza- que no existe ese lugar.

El otro día subimos al monte a buscar orégano y nos costó bastante dar con él. Al final encontramos algunas matas y pudimos reunir un buen manojo. El lugar era escarpado, oculto y muy poco -o nada- transitado.

Si todo el monte fuera orégano tal vez no nos hubiéramos molestado en ir a por él.

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Ticket

Antes, cuando compraba el periódico, saludaba al kiosquero, lo cogía y pagaba. Había muchos kioscos. Había mucha gente que se acercaba a los kioscos. Ahora -hace mucho tiempo de esto- ya no lo compro. Y me siento un poco culpable de que vayan cerrando -como está pasando- esos kioscos que asocio de manera inevitable con mi infancia y juventud.

Ayer tuve que comprar el periódico -tranquilos, no era para mí, cómo ha cambiado todo, cómo habré cambiado, que ni siquiera lo abrí para echarle un vistazo- en uno de esos restaurantes sin cocina en los que venden libros de diseño y arquitectura, y tuve que esperar cola. Aquí, la gente que compra el periódico suele pagar con tarjeta. Luego, hay otros que además son socios y tienen otra tarjeta. No sé.

Me dio un poco de vergüenza pagar con dinero -en estos tiempos que corren pareces un pobre si pagas con dinero, y no te digo nada si lo vas contando para pagar con lo justo- y no ser socio de nada. Pero me sorprendió más el ticket que me dieron. Hacía mucho tiempo que no me daban un ticket tan largo. Ni en el súper. Debían haberse equivocado. Era solo un periódico.

ticket

Pero no. Ahora funcionan así las cosas. Y menos mal que es, como dice en el encabezamiento del ticket, una factura simplificada. En este tipo de negocios debe ser más complicado llevar la contabilidad que vender.

Aunque también pudiera ser que, como ahora, en estos días de verano, los periódicos vienen más bien flojitos y con poco que leer, para compensar, pues puedes coger el ticket y pasarte un buen rato leyendo.

Cosa que hice -leer el ticket, no el periódico- sentado en un banco del parquecillo de al lado de mi casa en el que hay un kiosco que acaba de cerrar. Se traspasa. Cerrado. Definitivamente.

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El enfermo imaginario. Otro cuento real

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El enfermo imaginario vivió una vida imaginaria.

El enfermo imaginario tuvo una infancia imaginaria y fue feliz durante esos años. Feliz como lo pueda ser un niño sin mayores preocupaciones que las que pueda tener un niño. Que no son pocas.

El enfermo imaginario fue a la escuela durante largos años. Y luego al instituto y después a la universidad. Y todas le parecieron -la escuela, el instituto y la universidad- especialmente imaginarias.

Se enamoró, después, de una mujer imaginaria con la que terminó casándose. Su amor era tan real como imaginario. Tuvieron un hijo imaginario para completar una familia imaginaria.

Trabajó durante muchos -demasiados- años en una empresa imaginaria en la que desarrolló importantes labores imaginarias. El tiempo pasaba y se fue haciendo mayor sin darse cuenta. Había momentos en los que todo lo que era y todo lo que había conseguido en la vida le parecía algo imaginario.

Su mujer le empezó a parecer aún más imaginaria y su amor por ella se desvaneció sin que le importara a ninguno de los dos. Su hijo se marchó a vivir lejos, a uno de esos países más prósperos e imaginarios. Tuvo dos nietos imaginarios a los que apenas veía.

Cuando se jubiló decidió marcharse a vivir a un lugar cerca del mar. El mar siempre le había parecido algo imaginario. Al menos tan imaginario como el cielo.

Empezaron a agravarse los inevitables achaques de salud. Su vida, entonces, se redujo a unas pocas cosas básicas. Pasear, leer, sentarse al fresco, comer pescado, ver pasar el tiempo, echar una cabezada, mirar a las chicas, charlar un rato de cosas sin importancia…

El enfermo imaginario pensaba a menudo -allí, cerca del mar imaginario- que su vida podía haber sido menos imaginaria.

Aunque ya le daba un poco igual. Su salud era cada vez más precaria. Las distintas enfermedades se combinaban entre sí con una empecinada precisión. El último mes no se encontraba bien. Nada bien.

El enfermo imaginario murió de una enfermedad imaginaria.

Bando dental

No sé si es peor perder la sonrisa o perder la dentadura.

El otro día, las aletargadas calles de una pequeña localidad situada al norte del territorio, se vieron alteradas por el estrépito inesperado que salía, a más volumen del deseable, por los altavoces que el ayuntamiento tiene estratégicamente instalados en los lugares más céntricos de la población para comunicar a los vecinos las cosas importantes de la oficialidad.

Después de diversos ruidos de acoples, anunciaban -con una lectura parsimoniosa y silábica- que la persona que haya perdido una dentadura, pase a recogerla por las dependencias municipales.

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Un bando en busca del dueño de una dentadura en Aldeanueva de la Vera
El ayuntamiento tiene en depósito unas piezas dentales extraviadas en el pueblo y ha dado aviso a los vecinos

Fue una chica quien, cerca de la plaza de los Mártires, encontró las piezas dentarias y no dudó -en lugar de dejarlas donde estaban o darle, tal vez, una patada para comprobar cómo salían disparadas, castañeteando y riendo a un tiempo- en entregarlas a la policía local.

Ahora la dentadura está custodiada en el ayuntamiento. (¿Sonríe o es un gesto de angustia?)

Fuentes de la policía confiesan que no son capaces de precisar quién puede ser el titular, no descartándose la posibilidad de que corresponda a alguna persona de otro municipio, máxime teniendo en cuenta que el domingo finalizaron las Fiestas en Honor del Santo Cristo de la Salud, las cuales han congregado a muchos visitantes.

Entre el gentío, en el bullicio, debió el titular abrir en exceso la boca y ni siquiera sintió cómo se le escapaba. No sé. Es extraño.

El periódico, incluso, ha consultado entre los vecinos. Alguno se inclina porque pudiera tratarse “de alguna persona que se haya pasado con el alcohol, ya que al no necesitarla para beber no echaría en falta su pérdida”. Tiene su lógica. Yo, cuando bebo, también noto que me sobran los dientes.

Vuelve a sonar el bando por los altavoces. Todavía no hay noticias del dueño.

A primeras horas de la tarde, las piezas dentarias ya se encontraban depositadas en el ayuntamiento a la espera de que apareciera su propietario, que puede retirarlas en horario de mañana y tarde.

No dicen nada de los que han perdido la sonrisa.

Parte del día (3)

Aunque es verano -o por eso mismo- siguen pasando cosas en la pequeña capital del territorio. El calor, pasar tantas horas juntos, el calor, comprobar que el tiempo se detiene pero nuestra vida sigue sin un rumbo definido y que empieza a dar tumbos, el calor, el no saber qué hacer… El calor y los aparatos de aire acondicionado goteando sobre las aceras.

Ayer, como todos los días, la policía tomó nota -sin mucho apasionamiento, algo que se agradece infinito- de las cosas que ocurrieron. Nada importante.

(Pero, ¿qué es lo realmente importante?)

parte

El domingo, cuando la grúa retiró un vehículo de la plaza del Duque, el agente sufrió una agresión por parte del propietario del automóvil. No nos dicen si hacía mucho calor.

El sábado, a eso de las doce y media de la noche, una mujer, delante de su propia casa, era incapaz de abrir la puerta porque se había caído. Acudió una dotación de la policía junto con el cuerpo de bomberos -supongo que no todos. Finalmente fue atendida por los médicos. No nos dicen si fue trasladada al hospital o pudo, por fin, entrar en su casa y descansar.

Dejaría, entonces, la ventana abierta esperando que corriera algo el aire.

Esa misma noche del sábado – ya saben, el calor sofocante incluso de noche, comprobar que el tiempo se ha detenido, etcétera- había un vehículo volcado en medio de la calzada. Resultaba chocante porque no había señales ni restos de un posible accidente. Simplemente estaba boca abajo en mitad de la calle.

La policía, en su parte, lo explica de manera bastante escueta: Fue un acto de vandalismo. Hay gente, entonces -supongo que por el calor-, que se dedica a dar la vuelta a los coches. No está mal. Las tres dotaciones que acudieron al lugar lo solucionaron, no sin algún esfuerzo: El vehículo se devolvió a su posición original.

El viernes anterior, alertados, los agentes tuvieron que acudir a un domicilio a altas horas de la madrugada. Hacía también mucho calor. Lo que sucedió queda titulado, en el parte de la policía, como Disputa.

A las 4.40 horas una mujer se marchó de casa andando tras una discusión. El marido llamó a la policía porque teme que le ocurra algo a su esposa.

A la orilla del río Rojo

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Red River Shore. Bob Dylan. 1997

Some of us turn off the lights and we live
In the moonlight shooting by
Some of us scare ourselves to death in the dark
To be where the angels fly
Pretty maids all in a row lined up
Outside my cabin door
I’ve never wanted any of them wanting me
‘Cept the girl from the Red River shore

Algunos de nosotros hemos preferido apagar la luz
y vivir bajo la luz de la luna.
A algunos de nosotros nos da miedo la muerte en la oscuridad
y preferimos estar donde vuelan los ángeles.
Hermosas muchachas, todas en fila, una detrás de otra,
acudían a la puerta de mi cabaña.
Nunca quise que ninguna de ellas me quisiera,
excepto la chica que vivía a la orilla del río Rojo.

Well, I sat by her side and for a while I tried
To make that girl my wife
She gave me her best advice and she said
“Go home and lead a quiet life.”
Well, I’ve been to the east and I’ve been to the west
And I’ve been out where the black winds roar
Somehow, though, I never did get that far
With the girl from the Red River shore

Me senté a su lado y por un tiempo intenté
que aquella chica fuese mi mujer.
Ella me dio su mejor consejo y me dijo:
“Vete a casa y lleva una vida tranquila
Así que estuve en el este, y estuve en el oeste,
y estuve más allá, donde aúllan los negros vientos.
Sin embargo, sea como fuere, nunca llegué tan lejos
con la chica que vivía a la orilla del río Rojo.

Well, I knew when I first laid eyes on her
I could never be free
One look at her and I knew right away
She should always be with me
Well, the dream dried up a long time ago
Don’t know where it is anymore
True to life, true to me
Was the girl from the Red River shore

Supe desde la primera vez que la vi
que ya nunca podría ser libre.
Cuando la miré supe de inmediato
que ella siempre estaría conmigo.
Bueno, el sueño se desvaneció hace mucho tiempo
y ya no sé dónde estará ahora.
Pero, de alguna manera, sé que fue fiel a la vida -y me fue fiel-
la chica que vivía a la orilla del río Rojo.

Now I’m wearing the cloak of misery
And I’ve tasted jilted love
And the frozen smile upon my face
Fits me like a glove
But I can’t escape from the memory
Of the one that I’ll always adore
All those nights when I lay in the arms
Of the girl from the Red River shore

Ahora me cubre el manto de la tristeza,
y he probado el abandono en el amor,
y la sonrisa congelada de mi cara
me encaja como un guante.
Pero no puedo escapar del recuerdo
de aquella a la que siempre adoré,
de todas aquellas noches en las que estuve en los brazos
de la chica que vivía a la orilla del río Rojo.

Well, we’re living in the shadows of a fading past
Trapped in the fires of time
I’ve tried not to ever hurt anybody
And to stay out of a life of crime
And when it’s all been said and done
I never did know the score
One more day is another day away
From the girl from the Red River shore

Así que ahora vivimos en las sombras de un pasado perdido,
atrapados en las llamas del tiempo.
Intenté no hacer daño nunca a nadie
y mantenerme al margen de una vida de excesos,
y cuando todo estuvo ya dicho y hecho,
no llegué a desvelar el resultado final.
Un día más no es más que otro día lejos
de la chica que vivía a la orilla del río Rojo.

Well, I’m a stranger here in a strange land
But I know this is where I belong
I’ll ramble and gamble for the one I love
And the hills will give me a song
Though nothing looks familiar to me
I know I’ve stayed here before
Once, a thousand nights ago
With the girl from the Red River shore

Ahora, aquí, soy un extraño en tierra extraña,
pero sé que éste es el lugar a donde pertenezco.
Seguiré vagando y me arriesgaré por la única que amo
y las colinas me devolverán una canción.
Aunque nada me resulta familiar,
sé que he estado aquí antes,
una vez, hace miles de noches,
con la chica que vivía a la orilla del río Rojo.

Well, I went back to see about it once
Went back to straighten it out
Everybody that I talked to had seen us there
Said they didn’t know who I was talking about
Well, the sun went down on me a long time ago
I’ve had to fall back from the door
I wish I could have spent every hour of my life
With the girl from the Red River shore

Al fin, regresé para verla una vez más,
volví para intentar arreglarlo,
pregunté a todos los que nos habían visto por allí,
pero me dijeron que no sabían de quién hablaba.
El sol se puso sobre mí hace mucho tiempo;
he tenido que mantenerme alejado de la puerta.
Me hubiera gustado tanto haber pasado cada hora de mi vida
con la chica que vivía a la orilla del río Rojo.

Now, I’ve heard of a guy who lived a long time ago
A man full of sorrow and strife
Whenever someone around him died and was dead
He knew how to bring ‘em on back to life
Well, I don’t know what kind of language he used
Or if they do that kind of thing anymore
Sometimes I think nobody ever saw me here at all
‘Cept the girl from the Red River shore

Una vez oí hablar de un tipo que vivió hace mucho tiempo,
un hombre lleno de conflictos y tristeza,
que, si alguien moría cerca de él,
sabía cómo devolverlo a la vida.
Bueno, no sé qué tipo de lenguaje usaba,
ni si se hacen esas cosas todavía.
A veces pienso que nadie me vio aquí jamás,
excepto la chica que vivía a la orilla del río Rojo.