El enfermo imaginario. Otro cuento real

malade10

El enfermo imaginario vivió una vida imaginaria.

El enfermo imaginario tuvo una infancia imaginaria y fue feliz durante esos años. Feliz como lo pueda ser un niño sin mayores preocupaciones que las que pueda tener un niño. Que no son pocas.

El enfermo imaginario fue a la escuela durante largos años. Y luego al instituto y después a la universidad. Y todas le parecieron -la escuela, el instituto y la universidad- especialmente imaginarias.

Se enamoró, después, de una mujer imaginaria con la que terminó casándose. Su amor era tan real como imaginario. Tuvieron un hijo imaginario para completar una familia imaginaria.

Trabajó durante muchos -demasiados- años en una empresa imaginaria en la que desarrolló importantes labores imaginarias. El tiempo pasaba y se fue haciendo mayor sin darse cuenta. Había momentos en los que todo lo que era y todo lo que había conseguido en la vida le parecía algo imaginario.

Su mujer le empezó a parecer aún más imaginaria y su amor por ella se desvaneció sin que le importara a ninguno de los dos. Su hijo se marchó a vivir lejos, a uno de esos países más prósperos e imaginarios. Tuvo dos nietos imaginarios a los que apenas veía.

Cuando se jubiló decidió marcharse a vivir a un lugar cerca del mar. El mar siempre le había parecido algo imaginario. Al menos tan imaginario como el cielo.

Empezaron a agravarse los inevitables achaques de salud. Su vida, entonces, se redujo a unas pocas cosas básicas. Pasear, leer, sentarse al fresco, comer pescado, ver pasar el tiempo, echar una cabezada, mirar a las chicas, charlar un rato de cosas sin importancia…

El enfermo imaginario pensaba a menudo -allí, cerca del mar imaginario- que su vida podía haber sido menos imaginaria.

Aunque ya le daba un poco igual. Su salud era cada vez más precaria. Las distintas enfermedades se combinaban entre sí con una empecinada precisión. El último mes no se encontraba bien. Nada bien.

El enfermo imaginario murió de una enfermedad imaginaria.

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2 comentarios sobre “El enfermo imaginario. Otro cuento real

    1. Las penas imaginarias ¿son menos penas? Yo creo que no.
      Pero no era mi intención provocar pena -aunque sea imaginaria- sino contar algo para pasar el tiempo.
      Por cierto, si hay algo que no es imaginario es el tiempo.

      Feliz verano imaginario.

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