Postal del final del verano

cabra

Una cabra mordisquea una retama.

El sol, envuelto en la calima, se aproxima a la línea del horizonte con la intención de saltar la alambrada del vallado y ocultarse. Muy cerca está la cancela del redil, pero la cabra sigue ramoneando con la misma cadencia con que lo lleva haciendo todo el día.

El verano termina.

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No es tiempo de flores (2)

Drimmia maritima

En estos último días de agosto, por aquí, en el territorio, el campo está seco, arrasado, casi calcinado por el sol y el calor. Por eso sorprende ver esta planta tan erguida y tan solitaria.

Pero es ahora cuando se empeña en florecer. Es ahora su tiempo, a destiempo de todo.

No me ha sido fácil identificarla -y ¿para qué?- aunque al final creo que he dado con ella, con su nombre científico. Luego he comprobado en la wiki que, solo en nuestro país, tiene unos cincuenta y ocho nombres diferentes. Y así, claro, es difícil. Pero creo que, al final, con el latín -como los curas- nos podemos entender.

Pero tampoco. Resulta que puede recibir dos nombres científicos – Urginea maritima o Drimmia maritima-, aunque vamos a llamarla, para entendernos y no seguir liándola más, con su nombre más común, el de cebolla albarrana.

Acabáramos. Cebolla y albarrana. En fin.

Ese brote espigado, que puede superar un metro de altura, solitario y pertinaz, no es más que una cebolla. Una planta cuyo bulbo se encuentra muy cerca de la superficie, y cuyo tallo, de color violáceo -parece un cable-, continúa en unas inflorescencias -especies de cápsulas esféricas, oscuras y algo tristes- en las que se agrupan las numerosas y pequeñas flores que después florecen sin mucho boato. La planta es elegante y sobria, como si no necesitara ser llamativa.

Drimmia maritima2

Crece en dehesas, matorrales, tomillares, pastizales, herbazales, eriales y hasta en arenales. Florece al final del verano, en los últimos días de agosto, sin importarle que haya llovido o no: se nutre de las reservas y del agua que tiene almacenadas en el bulbo.

Vive en su propio mundo y mira al nuestro con asombro. Tal vez por eso es, también, bastante venenosa.

Su nombre genérico de drimia proviene del griego, y significa áspero, agrio, amargo, debido al sabor tan agraz de su bulbo enterrado. Mientras, el epíteto de su nombre más común –albarrana– proviene en este caso del árabe barrania o albarrani, nombre que recibían las torres exteriores y extramuros –torre albarrana– de las fortalezas o alcazabas. Significa algo así como fuera de casa o forastera, y alude, probablemente, al carácter erguido y, a la vez, solitario de la planta.

Ahí la vemos ahora en los campos, apenas una línea que se levanta del suelo cuando no hay nada alrededor, cuando no puede haber nada.

Entonces, florece.

Drimmia maritima3

uno

uno

a veces
uno es
una máquina blanda
con un corazón de piedra
un extraño habitante
de una casa vacía
un animal cansado
que no termina de aprender

otras veces
uno es
una máquina hermética
hecha de cartílagos tiernos
un inquilino habitual
de un hotel sin vistas
un animal herido
que sonríe y se lame

pero uno
-más o menos-
es

Tan lejos de todo

bondad

Hallan a un anciano que estaba desorientado
En la avenida de la Bondad

Tal vez buscaba algo y le pareció que en esa avenida tendría más posibilidades de encontrarlo, aunque no sabía muy bien lo que era, no sabía exactamente lo que había perdido y dónde podría estar, ni si ese algo existiera siquiera, acaso era a sí mismo a quien buscaba, ignorando que se había perdido hace ya tiempo, pero, esa mañana, el nombre de la avenida le pareció un buen indicio para intentarlo de nuevo, intuía, de alguna manera, que en esa avenida tenía más posibilidades de que hubiera alguien que le ayudara, o de que hallara en ella algo que le situara de nuevo en la vida, en esa vida en la que, desde hacía un tiempo, estaba perdido, desorientado, tan perdido y desorientado como en esta mañana soleada del mes de agosto en la que paseaba por la avenida de la Bondad, tan lejos de todo.

Incendio

humo

De la misma manera que, cuando sumerges un hierro candente en el agua, desprende de inmediato vapor, como si humeara, ayer, en la línea del horizonte que forman las montañas del noroeste que protegen las tierras bajas del territorio, se levantó una columna de humo en el momento en el que el sol, como si fuera un hierro candente, se empezaba a ocultar, como si se sumergiera.

La columna de humo cada vez era más ancha y más espesa. Se había declarado un incendio en las zonas más altas, escarpadas y abruptas de aquellas sierras. (Es curioso cómo nos referimos, con la misma palabra, al inicio de un incendio, de una guerra, de una epidemia o de un amor. Todos se declaran. Tal vez tengan algo en común)

Pocas cosas hay más terribles que un incendio. La devastación de los árboles y de la tierra es total. Tendrían los incendios algo de bíblicos si no fuera porque la mayoría son provocados por la avaricia y la estupidez humanas.

Los animales que viven en la sierra huyen despavoridos, algunos quedan atrapados, y los pájaros vuelan sin saber muy bien a dónde. Los árboles, mientras, arden.

Afortunadamente, ayer fue una noche sin viento. El incendio pudo ser controlado a primeras horas de la mañana.

A pesar de los kilómetros de distancia, toda la noche entró un olor a quemado en la habitación, como si el espíritu de los árboles ardidos, de los arbustos y el resto de las plantas quemadas, y de los animales atrapados y calcinados, nos ungiera de culpabilidad con un poco de ceniza.

¿Cómo traducir, realmente, si es posible, the answer is blowing in the wind?

blowin_in_the_wind

Es tan sencilla la frase que pide, sin más, una traducción rápida y literal; pero, al tiempo, al hacerlo así, sentimos que algo -lo más importante- se nos escapa.

Porque traducir es fácil. Traducir es difícil, muy difícil. Traducir es imposible.

Traducir es traicionar. Aunque no debemos olvidar que la vida, para poder ser vivida, se construye también con pequeñas -o grandes- y continuas traiciones. Así, también, el que traduce, traiciona, pero gracias a esa traición podemos leer.

Esa traición nos acerca -texto, autor, lector, ideas, sentimientos- y hace posible cosas -leer, entendernos, aunque sea aproximadamente, vivir.

La frase del título de esta entrada -tan sencilla: the answer is blowing in the wind– exige una traducción literal, pero prefiero -de alguna manera sé que es mejor- una traducción lateral.

Cosas como…

Todas las respuestas están en el viento.

O acaso su sentido fuera otro, más irreparable y sombrío…

La respuesta estaba en el viento.

Y ya puestos a traicionar -traducir- el sentido literal, podríamos concluir que…

El viento sopla sin dejarnos ninguna respuesta.

O definitivamente…

No hay respuesta, y si la hay, el viento ya se la ha llevado.

O se la está llevando el viento mientras intentamos atraparla. O la tenemos tan cerca, aquí mismo, en el mismo aire, que ni la vemos. O flota delante de nuestras narices mientras la buscamos, tan equivocadamente, en otros sitios.

Está en el viento, en el viento…