Subproductos

En el aparcamiento del bar de la carretera comarcal paran, de vez en cuando, grandes camiones. Mientras, en el porche del bar, los hombres-castores contemplan el paso del tiempo. Un poco más allá, las suaves lomas de un cerro extendido poblado de encinas, hacen las veces de horizonte.

Hoy, un gran camión nos lo ocultaba.

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El olor que desprendía -y que el aire caliente de esta mañana de agosto nos traía con insistencia hasta el pequeño porche del bar en el que los hombres-castores se sientan a contemplar el paso del tiempo- era intenso, especialmente intenso e insoportable.

De uno de los laterales de la caja colgaba un cartel. Me acerqué a ver qué ponía.

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Subproductos de origen animal. Material de la categoría 2. Estiércol.

Estaríamos en torno a los treinta y cuatro grados, y a escasos metros estaba estacionado un tráiler cargado de estiércol. Pero lo peor no era eso. El camión había aparcado porque se había averiado.

Tendríamos que refugiarnos en el bar.

Allí pensé, mientras pasaba la yema del dedo índice sobre el borde del vaso haciendo círculos bastante previsibles, en cómo las palabras aciertan casi siempre, aunque intenten, con la estúpida y ridícula retórica con la que creemos que ocultamos -o disimulamos- la realidad, evitar lo que huele mal. El estiércol seguirá oliendo mal aunque lo llames subproducto de origen animal.

Pero es cierto también -algo retórico, pero cierto-, que el estiércol no es más que un subproducto de origen animal. Como otros.

Como cuando hablamos -las palabras que pronunciamos no son más que un subproducto de origen animal-, como cuando escribimos -lo que escribimos no es más que un subproducto de origen animal, si bien, en algunos casos, bueno, en la mayoría, lo podríamos calificar directamente de estiércol-, como cuando hacemos algo -todo lo que hacemos no son más que pequeños y aproximados subproductos de origen animal-, como cuando besamos, como cuando acariciamos.

Todas estas cosas no son más que subproductos de origen animal.

Al cabo de un par de horas -ya hacía un buen rato que había dejado de hacer círculos sobre el borde del vaso- apareció una furgoneta con todo lo necesario para reparar la avería del camión. Una media hora después, pudo arrancar y se alejó -derramando lisura y aromas de mistura- por la carretera comarcal.

Las suaves lomas etcétera volvieron a aparecer en el horizonte como si estuvieran más allá del paso del tiempo.

Ya no olía especialmente a nada.

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2 comentarios sobre “Subproductos

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