Ruidos raros en la noche

Todos hemos oído ruidos raros en la noche. Y cada vez más, con el paso del tiempo y la pérdida del sueño, seguiremos oyendo -y detectando con la precisión de un sónar- ruidos raros en la noche.

No sabe uno si no logra conciliar el sueño porque oye ruidos raros en la noche, o si, debido a que uno no logra conciliar el sueño, se dedica -desesperadamente desvelado- a detectar, en el silencio nocturno, ruidos raros en la noche.

Pero lo más desasosegante de todo, cuando uno está desesperadamente desvelado, no son los ruidos raros que uno escucha en la noche, sino no saber cuál puede ser su origen. (¿Por qué los vecinos del piso de arriba tiran bolas de acero al suelo a esas horas? ¿Por qué los vecinos del piso de arriba se calzan zuecos y se dedican a pasear por los pasillos a altas horas de la madrugada?)

Aunque la razón de esos ruidos puede ser otra:

cabras

Siete cabras se encaraman al tejado de un chalé
El dueño de la vivienda se despertó durante la noche cuando escuchaba ruidos procedentes de su tejado

Un vecino de la urbanización Los Montitos, junto a la carretera de Sevilla, se despertó sobresaltado el pasado martes al escuchar ruidos extraños procedentes del tejado de su chalé. Cuál fue su sorpresa al levantarse a primera hora de la mañana, salir al exterior de la casa y comprobar que sobre el tejado de su vivienda había encaramadas siete cabras.

Tal vez una cena copiosa o una siesta demasiado larga, le hicieron a nuestro buen hombre dar más vueltas de las habituales en la cama antes de poder conciliar el sueño. Cuando, por fin, estaba a punto de pillarlo, unos extraños ruidos en el techo le hicieron volver a abrir los ojos y desvelarse de nuevo. Y ¿esos ruidos? Acaso fuera el aire, o ecos de ruidos más lejanos, o imaginaciones suyas.

Pues no. Eran cabras.

¿Cómo habían llegado hasta allí? ¿Alguien las había soltado desde un avión en paracaídas? No parece probable. ¿Tal vez llegaron hasta ahí arriba gracias a sus más que probadas habilidades alpinísticas? Puede. Están acostumbradas incluso a pasar horas subidas en el culo de un vaso mientras oyen pasodobles.

La cuestión es que el hombre, al ver las cabras en el tejado de su casa, se prometió no volver a cenar tan copiosamente y a moderar, todo lo que fuera posible, la extensión de sus siestas.

En eso pensaba mientras especulaba en la posibilidad de alguna interpretación cabalística del asunto: ¿Por qué cabras? ¿Y por qué siete, precisamente? ¿Estará el fin del mundo más cerca?

Pensamientos que interrumpió bruscamente su mujer tirándole del brazo al tiempo que le preguntaba que cómo iba a bajar las cabras del tejado.

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