Megáfono

No son horas.

Aunque, bien pensado, son las mejores, cuando todo está en silencio. Si gritas a esas altas horas de la madrugada puedes tener la sensación -real- de que nadie te escucha, pero, al menos, tienes la seguridad de que a más de uno despiertas. Y con un megáfono, ni te cuento.

megafono

DE MADRUGADA
Denunciado un joven por molestar con un megáfono

La pena es que la nota de la policía -siempre tan parcos, tan asépticos, tan poco imaginativos (qué envidia)- no dice qué estaba gritando el individuo en cuestión y por qué lo hacía, especialmente, por qué con un megáfono.

Tal vez estuviera borracho o fuera de sí por la ingesta de alguna sustancia, o acaso, despechado y furioso, simplemente intentaba decirle a alguien algo que no quería oír, no sé, o quería que se enterara todo el mundo, o le gritaba a la luna sin más. Me resulta más difícil imaginar que estuviera entonando a esas horas consignas políticas.

La policía solo cuenta en el parte que un joven de veinte años estaba utilizando un megáfono a las cuatro y media de  la mañana, causando así molestias a los vecinos. Una vez personados en el lugar de los hechos, le intervinieron el megáfono.

Aunque si lo piensas, y te imaginas con veinte años, solo en mitad de una de las últimas y cálidas noches de verano, sin ganas de volver a casa y ligeramente bebido, paseando sin saber muy bien qué hacer, con un megáfono en la mano, puedes llegar a comprender que es muy difícil resistirse a la tentación de utilizarlo.

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