Súplica

purgatorio

Se acostumbró
a vivir en el purgatorio
y le aterraba la idea
de acabar en el cielo.

Casi prefería,
si tenía finalmente
que cambiar de lugar,
ir de una vez al infierno.

En el purgatorio -decía-
no se vive tan mal,
aquí todos nos conocemos
y tenemos nuestros días,
unos mejores, otros peores,
pero al menos hay vida,
nos acompañan, aún,
nuestros pecados.

El infierno, eso sí,
debe ser tremendo,
demasiado intenso
y agotador.

En el cielo ni pienso,
no me entra en la cabeza
un lugar tan perfecto.

Así que, por favor,
no recéis por mí,
no sea que me vayan
a enviar al cielo.

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