Nido precario

Miro los libros de casa mientras pienso en que algún día me desharé de ellos. O, algo peor, ellos se desharán de mí. Y es extraño, porque, aunque siento por ellos un amor ilimitado, sé que no me dolerá nada hacerlo. Ni a ellos, claro.

De la misma manera, la gente que siente lo mismo por los libros, cuando llega el momento del cambio de casa, o de iniciar una nueva vida, o de la separación, o de algo peor y definitivo, lo hace -con una mezcla de pena y alivio- tirándolos al contenedor de papel o dejándolos abandonados para que otro -alguien de la familia o el nuevo inquilino- lo haga, o malvendiéndolos en una tienda de segunda mano.

Por lo que nos den por ellos, nos tomaremos unas cervezas.

Así, por azar, en uno de esos tenduchos de libros usados, de segunda mano y viejas ediciones, encontré hace unos meses los Diarios de Ionesco. Lo absurdo no es que los encontrara -dos tomitos de bolsillo cogidos con una goma, para que el tomo I no perdiera al tomo II-, lo absurdo es que los comprara.

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No me interesa mucho el teatro del absurdo -todo lo es- pero, tal vez por eso, me llevé a casa los Diarios del padre del teatro del absurdo. Aunque más absurdo aún es que los haya leído.

No sé mucho de Ionesco y creo que no he visto ninguna obra de teatro suya. En los años cincuenta y sesenta eran lo más. Ahora se representan mucho menos, pero en lugar de ser obras rompedoras y provocadoras, se han convertido en parte del repertorio de las compañías públicas y serias. Tienen ya el barniz oficial de la cultura.

Eugene Ionesco as a child Paris 1913

Ionesco nació en Rumanía -su padre era rumano- pero con un año de edad viaja a París -su madre era francesa- donde pasa su infancia. A los trece años vuelve a Rumanía, donde estudia y da clases hasta que en 1938 regresa a Francia para establecerse definitivamente.

Su teatro, más allá de ridiculizar las situaciones convencionales, expone, al final, la soledad radical del ser humano, su incapacidad para comunicarse y la falta de sentido de la condición humana. Aunque, a pesar de todo, sus obras están llenas de humor y situaciones cómicas.

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Sin saber todo esto, me aplasté en el sillón algunos ratos tontos, leyendo las páginas de su diario. En él cuenta cosas como éstas:

Hace ya bastante tiempo que he nacido.

Hace, a la vez, mucho tiempo, y hace muy poco tiempo. Todavía no he llegado a comprender qué ha pasado. Me queda muy poco tiempo para comprender lo que todavía no he comprendido y no pienso apenas en poder lograrlo. Tampoco he llegado a admitir la existencia y a admitirme a mí mismo. No veo nada más allá de estos seres y estas cosas que me rodean y que me parecen enigmas, o casi. Me entiendo difícilmente con unos y con otras, o no me entiendo en absoluto, o raramente, ya que tampoco me entiendo conmigo.

He intentado siempre vivir, pero he pasado al lado de la vida.

Hay veces que, cuando lees, parece que pudieras -o debieras- haberlo escrito mismo. Pero te faltan las palabras. Las palabras que ahora has encontrado.

Va a hacer un año que, prácticamente, interrumpí este diario y esta búsqueda, esta exploración, en el bosque espinoso tan difícil de penetrar, en busca de mí mismo. De momento, no tengo la impresión de haber avanzado, ni de haber construido algo, ninguna decisión a la vista. Tengo la impresión de que no he llegado a conocer más que lo que ya conocía. Por otra parte, cabe preguntarse si hay algo que conocer, o alguien, si hay un alma oculta que se relevaría. No hay, quizás, más que esta maleza, estas espinas, este pedregal.

Creo que podría decir lo mismo acerca de lo que aquí vengo escribiendo.

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También escribe párrafos como poemas. Como éste:

Vivo. Hace calor en el cuarto. Hay luz. Cojo un libro. Cuando tengo demasiado miedo, me acurruco en el instante. Nido precario.

O éste otro:

La luz más cegadora, la luz de Italia, el cielo más puro de Escandinavia en el mes de junio, no es más que penumbra cuando se la compara con la luz de la infancia. Hasta las nubes eran azules.

Pero no se crean, también hay páginas y páginas de una aridez suprema, pero, de vez en cuando, fulguran unas ideas, unos párrafos, unas palabras.

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2 comentarios sobre “Nido precario

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