Libros subrayados

Si uno comete el error de hojear un viejo libro que leímos en la lejana juventud, descubrimos, con algo de vergüenza, que está lleno de frases subrayadas. Y si uno se detiene a releerlas, siente todo el vértigo del paso del tiempo y, lo que es peor, descubre -ya sin mucho asombro, es cierto- la inevitable fractura producida entre el que fuimos -aquel joven ingenuo, pretencioso y entusiasta- y el que somos.

Y no nos reconocemos.

Nos cuesta creer que fuimos nosotros quienes dábamos tanta importancia a algunas frases e ideas, hasta el punto de que llegamos a pensar que fue otro el que se molestó en subrayar aquellas frases.

Hoy no se nos ocurriría leer ese libro y, mucho menos, detenernos en aquellas frases ampulosas y manidas, y marcarlas con unas líneas para no sé qué dudosa posteridad.

Pero aquí nos encontramos -en esta dudosa posteridad- con el libro, de nuevo, entre las manos.

hiperion

El Hiperión de Hölderlin es un libro que despierta sensaciones contradictorias. ¿Es la sublimación más extremada -y, por tanto, ridícula- de los peores defectos del romanticismo o es uno de los libros más decisivos y hondos de toda la historia de la literatura? Creo que algo tiene de las dos cosas.

Con apariencia de novela, este librito, escrito por el pobre Hölderlin entre 1794 y 1795, no deja de ser una obra extremadamente lírica, demasiado a menudo insoportablemente lírica.

Nuestro Hiperión sueña con un mundo distinto. Imagina -y lucha por- una sociedad ideal de hombres libres, unidos y movidos por el amor, la belleza y la virtud, una verdadera comunidad al fin.

(Qué ridiculez, pensamos…)

Después el libro se vuelve aún más insoportable con la historia de amor entre Hiperión y Diótima. Aunque siempre, a pesar de tantos adjetivos y de tantos arrebatos lírico-románticos, trasciende en él una multiplicidad de sentidos -filosóficos, históricos y hasta políticos- que indagan y tratan de responder a las grandes preguntas que siempre se ha hecho el hombre.

Todo concluye, de manera triste, pero sosegada, con la vuelta a la naturaleza.

No quiero imaginarme cómo leí aquello hace más de treinta años. Subrayaba entonces cosas como:

El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona.

Las olas del corazón no estallarían en tan bellas espumas ni se convertirían en espíritu si no chocaran con el destino, esa vieja roca muda.

…el verano abrasador no seca los manantiales más profundos, sólo la débil torrentera.

(Si es cierto lo que dice la primera cita, ¿por qué nos hemos empeñado todos estos años en reflexionar en lugar de soñar?)

??????????

Ahora, al cabo de los años, lo he vuelto a hojear y no he podido resistirme a entresacar algunas otras frases. (Uno no aprende) Y desde luego, no han sido aquellas, sino estas otras que entonces me pasaron desapercibidas…

…sobre los otros…

Cómo odio (…) a todos esos bárbaros que creen ser sabios porque ya no tienen corazón…

…sobre la pérdida…

Uno gusta de hablar, de charlar, como los pájaros, cuando el viento te sopla en la cara, como el aire de mayo; pero entre el mediodía y la noche, todo puede cambiar y, al final, ¿qué se ha perdido?

…sobre el regreso…

…vuelvo a las regiones abandonadas de mi vida.

…ahora vagabundeo por lo que hay en mí…

…sobre la calma…

Pero voy a salir, voy a tumbarme entre las plantas y los árboles y voy a rogar que la naturaleza me dé esa misma calma.

…y sobre la paradoja de estar vivo…

…que tú puedas estar tan triste como feliz, es algo que durante mucho tiempo no pude comprender.

Y ahora lo comprendo.

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