Museo

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Un pintor de brocha gorda, cuando va a un museo, se fija más en las paredes. Un electricista, cuando va a un museo, se queda pasmado con la disposición las luces. Un fontanero, cuando va a un museo, en seguida busca una excusa para ir a los aseos. Una señora de la limpieza, cuando va a un museo, se fija en los rincones y, cuando nadie la ve, se acerca a la pared para mirar detrás de los cuadros. Todo está tan limpio que se admira. Un ladrón, cuando va a un museo, no deja de pensar en cómo sacar lo que tienen allí guardado, si hay alguna manera de hacerlo. Un bombero, cuando va a un museo, se pierde buscando las salidas de evacuación. Un niño, cuando va a un museo, se siente atraído por los espacios libres, pero no entiende tantas recriminaciones. Un vigilante de sala de un museo solo se fija en la gente que pasa y en el reloj. De vez en cuando mira el techo.

Cuando voy a un museo, como no soy pintor de brocha gorda, ni electricista, ni fontanero, ni señora de la limpieza, ni ladrón, ni bombero, ni niño, ni vigilante de sala, no me queda más remedio que mirar los cuadros.

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