Claro del bosque. Una parábola

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Un claro en el bosque. No hay nadie en el bosque. Los ruidos del bosque suenan amortiguados. O amplificados. No hay nadie en el bosque. Alguna sombra. Los animales del bosque evitan el claro del bosque. Es un espacio vacío, un espacio dentro del bosque.

De noche, la luz fría, tranquila y apagada de la luna ilumina el claro del bosque. La luz de la luna juega con las sombras del bosque.

Nunca hay nadie en los claros del bosque. Parece que el tiempo se detiene en ellos. Es solo un espacio, un espacio en el más estricto sentido del término. Acaso un pájaro posado en una rama de un árbol circundante observa el claro del bosque. Y, de repente, emprende el vuelo.

Alguien llega al claro del bosque, se detiene, mira alrededor, se sienta y, después, se tiende en la hierba. Está cansado. Oye los ruidos del bosque. El tiempo se ha detenido. Ve un pájaro posado en una rama. Es un instante nada más. Ya no está el pájaro posado en una rama. Debe haber emprendido, de repente, el vuelo.

Nunca hay nadie en los claros del bosque.

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2 comentarios sobre “Claro del bosque. Una parábola

    1. Vas andando por el bosque y, cuando menos te lo esperas, te encuentras con uno. Son tan bonitos -y tan acogedores- que dan ganas de quedarse a vivir en ellos.
      No solo es un lugar, también es un estado de ánimo.

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