Reservado el derecho de admisión

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Reservado el derecho de admisión

En virtud de lo dispuesto en la Ley 17/1997, de 4 de julio, de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas

Queda prohibida la entrada y/o permanencia en este local a toda persona que:

-Se encuentre en estado de embriaguez.
-Porte cualquier objeto susceptible de causar daños a personas o cosas.
-Porte o consuma cualquier tipo de drogas o cualquier tipo de sustancias psicotrópicas o muestre síntomas de haberlas consumido.
-Alborotadores comprobados.
-Provoque o incite cualquier desorden en la sala.
-Falta de aseo personal.
-Cuando la persona que pretenda acceder al establecimiento, o se encuentre en su interior, manifieste actitudes violentas, en especial, cuando se comporte de forma agresiva o provoque altercados.

–o–

Este cartel estaba pegado en el cristal de la puerta de entrada. Había pasado por allí otras veces, pero nunca me había fijado en él.

Entré.

Todo estaba tranquilo. Nadie parecía contravenir lo dispuesto en la Ley 17/1997, de 4 de julio. Nadie parecía encontrarse en estado de embriaguez, a no ser que -debido a su ya larga experiencia- lo disimulara con aplomo. Acaso un brillo excesivo en los ojos. Pero de eso no dice nada -todavía- la Ley.

Miré de pasada al amplio salón lleno de mesas con gente charlando y no pude ver a nadie que llevara -al menos, a la vista- algún objeto susceptible de causar daños a personas o cosas. ¿Un paraguas, tal vez?

Tampoco parecía que nadie de los que allí estaban llevara o estuviera consumiendo cualquier tipo de drogas u otras sustancias psicotrópicas. Simplemente alcohol. Respecto a lo de mostrar síntomas de haberlas consumido, pues, no sé, hay gente ya de por sí con caras muy raras. Y hay otros -yo mismo- a los que no se les nota nada.

De lo que no tenían ninguna pinta era de ser alborotadores comprobados. Ya sé que es fácil identificarlos, pero no sabía que hubiera un registro o algo así.

Y desde luego, nadie parecía que tuviera intención de provocar o incitar cualquier desorden en la sala. Aunque estas cosas, normalmente, no se pueden prever. Salta la chispa de improviso por cualquier quítame allá esas pajas. En ese momento estaban bastantes tranquilos.

Eso sí, todo el mundo tenía un aspecto aseado, diría incluso que se duchaban a diario. Así que en lo del aseo personal tampoco contravenían la ley. Aunque con la ropa interior nunca se sabe.

Nadie mostraba, finalmente, una actitud violenta. Todos eran amables, educados. Unos sonreían y hablaban y otros se aburrían, pero mantenían una buena cara.

Una vez comprobado todo esto, salí.

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