La carcoma

La carcoma, además de una película de Bergman, es el nombre común que reciben las larvas de un diminuto coleóptero que se dedica, incansablemente, a perforar galerías en el interior de la madera hasta dañar por completo el mueble o el edificio, convirtiéndolo en finísimo serrín, en puro polvo.

También encuentra deliciosas las tallas de madera y los retablos.

carcoma_retablo

Una colonia de carcoma amenaza la imagen de la Piedad y su retablo

Cuenta la noticia que el retablo barroco de 1733 (…) se deshace contagiada por una plaga de carcoma. La imagen del siglo XVIII que representa a la Virgen de La Piedad o de Los Dolores (…) ha sido contagiada por una colonia de estos insignificantes insectos coleópteros, por lo que ha tenido que ser retirada del retablo y así evitar la proliferación de la carcoma.

El camarero de la virgen (…) se siente impotente ante una situación que le sobrepasa (…). Se siente angustiado de pensar que la talla se deteriore con la carcoma, de ahí la idea de llevarla junto a la pila bautismal.

No sabemos si eso servirá de algo. Al menos, la granítica pila bautismal estará a salvo.

Porque la carcoma coloniza y daña a la vez solo la madera. Lo hace mientras está en estado de larva -un gusano blanco de menos de un milímetro cuando nace, de cabeza grande y patas cortas, que ya, desde el primer momento, se comienza a alimentar de madera con sus potentes e incansables mandíbulas, y que es capaz de evitar que las galerías que van trepanando salgan a la superficie, porque, a pesar de su fisonomía, son capaces de distinguir la oscuridad de la luz, y, claro, con ese aspecto, prefieren la primera -, estado que dura entre dos y tres años, hasta que se transforma en capullo, que,  justo antes de salir al exterior, sufre una metamorfosis y se convierte en un coleóptero capaz de volar.

Emergen del interior de la madera y vuelan durante tres o cuatro semanas, en una especie de viaje nupcial, en la que su única función es la reproducción. La hembra, entonces, deposita sus huevos en las pequeñas ranuras y grietas de la nueva madera que encuentra a su paso para que vuelva a iniciarse el ciclo de la vida. El ciclo de la vida de la carcoma.

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La carcoma tiene un régimen alimenticio estrictamente xilófago, solo ataca -y se alimenta de- maderas, aunque tiene predilección por las blandas y las secas, verdaderas delicatessen.

Las galerías que pueden llegar a excavar conforman una nutrida red de conexiones que debilita la madera hasta convertirla en un objeto o estructura extremadamente frágil, fácilmente derrumbable, en la que todo está molido por dentro, dejándola sin consistencia alguna.

He vuelto a leer todo esto y me ha parecido -la carcoma, su forma de vida, su oculta capacidad de deterioro- una metáfora, no sé si de nosotros, de nuestra forma de vida y de nuestra invisible -pero real- capacidad de deteriorar y destruir, o tal vez de algo -innominado- que nos ataca a nosotros a lo largo de los años, triunfando, al final, esa capacidad de dejarnos hechos polvo.

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