Algún papel moteado con manchitas negras

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1 El autor

Cuando tu padre tiene, durante años, problemas con la Inquisición, sin más motivo que el de su origen, hasta que es, finalmente, condenado a la hoguera, y tu madre, aunque murió hace años, ay, demasiado joven, también es sometida a proceso y condenada, ordenando el alto tribunal que sus restos sean desenterrados y quemados públicamente, no se te ocurre volver a tu país.

Juan Luis Vives, que marchó muy joven al extranjero a proseguir sus estudios, no le quedó más remedio que mantenerse alejado de la inquisitorial España. Eran los primeros años del siglo XVI, en la ciudad de Valencia. Nació, está por demás decirlo, en una familia de judíos conversos.

En 1509 marcha a estudiar a París. Pero tres años después se traslada a Brujas, donde es contratado como preceptor de los hijos de una acaudalada familia de comerciantes de origen valenciano. (Más tarde se casaría con uno de estos niños: Margarita Valdaura).

En 1517 se traslada a Lovaina. Publica varios libros. Su fama de hombre sabio crece por todo el orbe conocido. Le ofrecen la cátedra que dejo Nebrija en Alcalá. Pero le da miedo regresar a España. Continúa, años ha, el proceso de la Inquisición contra su padre. Rehúsa.

En 1523 es nombrado Lector en el Corpus Christi College de Oxford. Durante años es el protegido de la reina Catalina. En 1528, repudiada la reina por el rey, regresa a Brujas. Continúa publicando diversas obras, siempre en latín, hasta que muere de gota en la ciudad flamenca -su seguro hogar durante años- el 6 de mayo de 1540.

Eruditus, doctus vir o studiosus sapientiae…, de cualquiera de estas maneras podría ser definido. Fue un filósofo moralista y reformador de talla universal, un perfecto humanista que luchó por recuperar la independencia de pensamiento a través del conocimiento y por transformar las estructuras mentales y culturales de Medievo. (Gracias wiki).

Su vida fue una huida constante y su patria, el exilio. Huye de la inquisitorial España; huye de los teólogos de Lovaina; huye de la Inglaterra de Enrique VIII… Huye siempre en busca de algo.  Solo la amable ciudad de Brujas -una ciudad mercantil y burguesa- le acoge sin sobresaltos, y él la siente como su verdadero hogar al que regresa siempre.

Mientras, desde España llega el humo asfixiante de los braseros de la Inquisición, atizados por hombres oscuros y mediocres que lo dominan todo allí.

No puede ni siquiera añorar la luz de Valencia. Recuerda a sus padres.

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2 El libro

Entre su extensa bibliografía aparece en 1538, como una obra menor, los Exercitatio Linguae Latinae (o Diálogos). No son más que varios ejercicios de conversación en lengua latina, redactados con el objeto de enseñar dicha lengua a los estudiantes. Durante más de cien años fue un libro escolar muy común en toda Europa.

Un niño va a la escuela, un matrimonio discute, el dueño de una taberna prepara la comida para una boda, unos amigos juegan a las cartas… Estas pequeñas y cotidianas escenas le sirven para adaptar la lengua latina a las nuevas realidades.

Son, además -y es lo que más nos interesa-, inapreciables cuadros de la vida cotidiana de aquellos años, en los que Vives muestra un intenso amor por las cosas pequeñas, por la armonía de los detalles, describiendo, sin más, una existencia prosaica y feliz, doradamente mediocre.

Tienen el encanto de las pequeñas miniaturas flamencas.

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3 Algunos fragmentos

Aquí, el latín se despoja de solemnidad.

Así, uno de los diálogos se titula Vestitus et deambulatio matutina, o lo que es lo mismo, El vestido y el paseo de la mañana. O como este otro, Cubiculum et Lucubratio, que no es más que  La habitación y el estudio nocturno.

Explica a los estudiantes el valor de la escritura en varios de los Diálogos. En uno de ellos dice uno de los personajes:

Manrique. (…) Después dijo que los amigos ausentes podían conversar gracias a las letras. Añadía que en esas islas descubiertas recientemente por nuestros reyes, de donde traen el oro, no parece haberse descubierto nada más admirable que el que los hombres puedan descubrirse mutuamente sus pensamientos desde regiones alejadas entre sí enviándose algún papel moteado con manchitas negras. Porque preguntaban si el papel sabía hablar.

Y más:

Maestro. (…) Los sonidos son los signos del alma entre los presentes y las letras entre los ausentes.

Aunque tampoco hay que excederse:

Lurco. (…) Me pedías que hablase, yo haré que dentro de poco me pidas, me supliques y me mandes que me calle; como el flautista árabe que para empezar a cantar pedía un óbolo y para dejar de hacerlo, tres.

Y mucho menos hay que excederse con la bebida, pero ya sé que es difícil no hacerlo:

Glaucia. La alegría es la puerta de la embriaguez. Nadie se dedica a beber con la idea de emborracharse; pero bebiendo se alegra y a continuación sigue la embriaguez. Ciertamente es difícil marcar el límite de la alegría y mantenerse en él. El paso de la alegría a la embriaguez es resbaladizo.

Será mejor, entonces, que me despida de ustedes:

Plinio. (…) Cántame algo con la vihuela mientras me meto en la cama, como hacían los pitagóricos, para que me duerma antes y mis sueños sean más placenteros.

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2 comentarios sobre “Algún papel moteado con manchitas negras

  1. Yo también pagaría en ocasiones para hacer callar a más de uno. Es lo bueno que tienen los papeles moteados, que solo hablan cuando uno tiene ganas de que lo hagan. Me ha gustado Juan Luis Vives.

    1. Es increíble que siga gustando J.L. Vives. A mí también me ha gustado. Es lo que tienen los clásicos, siempre llenos -todavía- de sorpresas.

      Y también me ha gustado que te guste.

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