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Archive for 31 enero 2015

Lejos

Punto

Ya no hay distancias.

La palabra lejos
ya no es ningún impedimento.
Miles de kilómetros
no son ya ningún obstáculo.
Podemos ir y venir,
aparecer y desaparecer,
de un día para otro,
en cualquier lugar del planeta,
como si tal cosa.

Lo lejano está cada vez más cerca,
y lo que tenemos más cerca
cada vez está más lejos.

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dos

Las personas serias, inteligentes e importantes están obligadas a llevar una doble vida.

Aunque hay personas serias, inteligentes e importantes que no aguantan más esa doble vida. Se hace extremadamente difícil llevar la propia vida -la que sobrellevamos- para tener, además, que aparentar que llevamos otra, mucho mejor y más brillante. Mucho más insatisfactoria.

Las personas normales, por el contrario, solo pueden llevar una vida, aunque les gustaría llevar otra.

Las personas normales que llevan solo -como pueden- su vida, tienen la impresión de que viven media vida, que les falta algo, que les falta vivir, realmente, su vida. Como si su vida estuviera amputada y su verdadera vida debiera ser, acaso, como esa doble vida que llevan las personas serias. Sueñan con poder vivir, algún día, esa otra doble vida.

Luego están los otros, los que vivimos sin más.

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La respuesta

panorama

¿Dónde está la respuesta? ¿Nos hace falta realmente? ¿Por qué la necesitamos tanto si, al final, podemos vivir -mal que bien- sin ella? Ah, la respuesta…

Si la conociéramos, ¿sería todo más fácil o, al menos, mejor? Es más, ¿seríamos capaces de aceptarla?

¿La respuesta está en el viento? No sé, tal vez, es muy probable. Pero el viento simplemente la trae y, cuando la vamos a coger -o simplemente nos acercamos a ella-, se la lleva.

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Es habitual encontrar los servilleteros vacíos en los bares cuando más falta hacen. También sucede, a veces, encontrarlos llenos, tan llenos, y con las servilletas metidas tan a presión, que es prácticamente imposible sacar una. Como mucho consigues despedazarla y sacarla a trocitos.

Y cuando te encuentras con un servilletero en condiciones normales, enseguida puedes darte cuenta de que, o bien el papel está incomprensiblemente satinado y resbala desagradablemente, o bien es tan fino, suave y absorbente que a las primeras de cambio se deshace.

Pero hay algo que me preocupa más. Tiene que mejorar la calidad de las servilletas de papel de los bares para que podamos seguir escribiendo en ellas.

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Anoche

anoche

Anoche -era bastante tarde e iba de vuelta a casa- me crucé con una chica que paseaba un perro. El perro era grande y ya mayor. Andaba con cierta lentitud y torpeza. Se me acercó como si me reconociera.

Éramos perros viejos.

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Así pues, con buena salud tosed fuerte, bebed tres tragos,
abandonad prestamente vuestras preocupaciones,
y oiréis contar maravillas del noble y buen Pantagruel.

Pantagruel no es una novela. Son cuatro. Cinco si contamos el quinto libro, de bastante dudosa atribución. Es lo que pasa también un poco con el Quijote. Siempre dicen que es la mejor novela escrita en español. Y puede que sea cierta la afirmación. El problema es que no es una novela. Son dos.

Por una de esas casualidades que no interesan a nadie, cayó en mis manos el Cuarto Libro de Pantagruel, editado en 1552 y escrito, como las anteriores entregas, por el médico francés François Rabelais. Aunque no había leído éstas, me tiré de cabeza al cuarto libro con bastante inconsciencia.

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Al menos me ha servido para valorar mejor las dos novelas aparentemente paródicas del Caballero de la Triste Figura. No hay color.

Es este cuarto libro pantagruélico una mofa violentamente satírica de los libros de viajes y descubrimientos que proliferaron en el siglo XVI. Es su versión cómica, punki y lenguaraz.

Es un constante vaivén entre la fantasía desbocada -los personajes parece que se han escapado de un cuadro de El Bosco o de Brueghel, creo que El Viejo- y la burla de la erudición libresca. Todo es grotesco y, aunque pretende divertir y hacer reír, también guarda otras intenciones.

La obra pertenece -y no le importa- a la cultura más popular y carnavalesca. El lenguaje de Rabelais es casi siempre escatológico, no le importa llenarse de inmundicias y secreciones. El don que tiene para la invención verbal es prodigioso e imparable.

Pero poco más.

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En uno de los episodios que se suceden, avanza la nave de Pantagruel en busca del oráculo de la Divina Botella cuando se adentran en los confines del Mar Glacial. Allí escuchan palabras…

-Compañeros, ¿no oís nada? Me parece escuchar a gente que habla en el aire, aunque no veo a nadie. Escuchad.

No se oye nada y el barco sigue avanzando lentamente…

…cuando nos pareció que nosotros también las oíamos, o que nos zumbaban en los oídos. Cuanto más perseverábamos en escuchar, más discerníamos las voces, hasta oír palabras enteras.

Empezó a cundir cierto temor entre la tripulación.

El piloto respondió:
-Señor, no os asustéis por nada. Estamos en los confines del Mar Glacial, donde se libró (…) una gran y feroz batalla (…) Entonces se helaron en el aire las palabras y los gritos de los hombres (…) Ahora, pasado el rigor del invierno, al llegar la serenidad y templanza del buen tiempo, se funden y se oyen.

Las palabras, aún congeladas, se pueden tocar y coger con las manos.

-¡Mirad, mirad! -dijo Pantagruel- Ved aquí algunas que se ha deshelado.

Entonces nos echó sobre la cubierta puñados de palabras, que parecían grageas en forma de perlas de diversos colores. (…) las cuales, después de calentarlas un poco en nuestras manos se fundían como nieve y las oíamos realmente.

¿Cuántas de nuestras palabras se quedaron congeladas? ¿Cuándo empezarán a derretirse?

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Comparativa (14)

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como una tortuga con prisa
como atracar un banco en quiebra
como un roto buscando desesperadamente un descosido
como el ruido del motor de una avioneta fallando en pleno vuelo
como un hojalatero vendiendo oro del bueno
como las tazas de café esperando boca abajo, unas encima de otras
como el Museo del Prado iluminado solo con velas
como un ángel tocando el arpa en el infierno sin que nadie le escuche
como las hojas secas flotando en el agua en una piscina en invierno
como un tren de cercanías soñando con el transiberiano

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