Pájaro en el espejo

motacilla_alba

Un pequeño pájaro, que andaba a saltitos, inquieto pero elegante, moviendo la cola, de color gris las alas, pero blanco por la parte inferior, y el pecho y el cogote negros, empezó a merodear alrededor de la kangoo que dejamos aparcada dentro del olivar.

Lo hacía sin miedo, de manera casi temeraria, fascinada, supongo, por la mole blanca y llena de brillos de la furgoneta. Se atrevió incluso a subirse al techo y al capó y darse una vuelta por la pulida superficie.

lavandera_blanca

Al día siguiente volvió a aparecer. Directamente, en cuanto nos alejamos del vehículo, se encaramó de nuevo.

Era una lavandera blancamotacilla alba– y aunque tiene muchos más nombres, también es conocida como aguzanieves. Le gusta el frío y anida en grietas y sitios así. El nombre de lavandera le viene por su querencia por los arroyos y riachuelos. Le gusta posarse en las piedras de la orilla, al lado de la corriente, como hacían las lavanderas.

Ahora picoteaba sobre el capó blanco y caliente de la furgoneta lleno de insectos. A cada momento yergue la cabeza, nerviosa, para observarlo todo.

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Cuando por la mañana entrábamos al olivar, salía disparada, desde lo alto de un olivo o desde el tejado del leñero, hasta el lugar donde dejábamos aparcada la furgoneta. Se la veía contenta, no de vernos aparecer a nosotros, sino a la kangoo.

Pronto comprendimos su obsesión. No eran solo los insectos.

lavandera_blanca2

Del techo bajaba al capó, y del capó iba hasta cualquiera de los dos retrovisores laterales. Allí se posaba. Si te situabas a cierta distancia, podías observarlo todo. (Incluso pude hacer estas fotos con una pequeña cámaradebolsillodemierda)

Y saltaba la lavandera desde el borde superior del retrovisor hasta ponerse a la altura del espejo para -como si fuera un colibrí capaz de permanecer en el aire volando y sin avanzar- mantenerse unos segundos frente a él.

Lleva así varios días. Repite el vuelo y se golpea contra el cristal.

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Como Alicia, pretende traspasar el espejo. Lo intenta decenas de veces hasta que se marcha. Al rato lo intenta de nuevo. Como si no se conformara con lo que hay a este lado del espejo. Como si le fuera la vida en atravesarlo.

Y vuelve a la carga.

Tal vez se ve -ve a otro pájaro- en el espejo, ve el cielo reflejado, y quiere estar con ese otro pájaro que tiene tan cerca -enfrente- y quiere estar bajo ese otro cielo reflejado. Mientras, no hace más que darse golpetazos con el pico.

Pero no ceja en su empeño. Cada vez que ve llegar a la kangoo da saltitos de alegría. Ahora mismo sé que nos está esperando. Esa fascinación por los espejos, esa fascinación por el otro lado

No sabe que al otro lado del espejo hay más espejos.

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4 comentarios sobre “Pájaro en el espejo

    1. Sí, resulta conmovedor verla aparecer en cuanto llegamos. Tanto como verla posada en el espejo, sobrevolarle con insistencia y darse de cabezazos -más bien picotazos- contra él.

      Aunque cuando pienso en que, un día de estos, dejaremos -hasta el año que viene- de ir al olivar, también me conmueve imaginármela esperándonos.

      Y que no aparezcamos.

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