Tela de araña

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La otra mañana vi esta tela de araña entre las ramas de un membrillo joven. Aunque la mañana era oscura, gracias a las gotitas de agua que pendían de cada hilo, pude distinguirla sin dificultad. Casi brillaba.

Pensé que con esto sería suficiente para escribir algo ingenioso o, al menos, entretenido. Las telarañas -o telas de araña- dan mucho juego. Su inaudita perfección y belleza, y el hecho de que esta perfección y belleza sea obra de unas arañas; su finalidad caníbal y la angustia de los pequeños insectos atrapados en ella; su delicadeza y su geometría…

Cualquier cosa se me iba a ocurrir, eso seguro.

Sin recurrir -Dios me libre- a la analogía con esta historia de internet en la que andamos todos enredados sin remedio, ni posibilidad de salvación.

También era sencillo contar algo, al final, de su fragilidad, solo insalvable para los más pequeños y débiles insectos, mientras que los grandes, con un simple manotazo, la destruyen. Un poco como la justicia -y todo lo demás- del mundo en que vivimos.

Así que cualquier cosa se me iba a ocurrir. Pero nada.

Desesperado -es una forma de hablar- acudí a la wiki -caí en la red- en busca de no sé. Y, al final, sí que encontré una historia curiosa.

La estudiante de bachillerato Judith Miles -de Lexigton, Massachussets, Estados Unidos, claro-decidió presentar su idea al concurso para estudiantes NASA Skylab Student Experiment Competition. Se trataba, simplemente, de enviar -ocupan poco sitio- arañas al espacio para comprobar cómo se la apañarían para fabricar sus telarañas en condiciones de microgravedad.

No solo ganó el premio, sino que la NASA decidió enviar dos arañas –Arabella y Anita– junto con los tres tripulantes de la nave Apollo, rumbo a la estación Skylab, el 28 de julio de 1973.

Dice la wiki que las arañas al principio mostraron graves síntomas de desorientación, causada por la ausencia de gravedad. No me extraña.

Pero, con todo, muy pronto empezaron a tejer telarañas. Eran horribles. No guardaban ninguna proporción ni simetría. Parecía que lo hicieran de una manera aleatoria. Estaba claro que no estaban acostumbradas a trabajar en esas condiciones.

Parecía que les daba igual, porque volvían de nuevo a tejer. No lo dejaban. Pero no les daba igual. Al cabo de los días, las arañas comenzaron a hacerlo mejor, mucho mejor, sus estructuras tenían mayor simetría, y poco a poco -en cuanto le cogieron el punto a eso de la microgravedad- ya les salían bastante parecidas a las que tejían en tierra.

Las últimas noticias que se tuvo de ellas es que se escaparon de la caja de experimentos de la Estación Espacial Internacional.

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2 comentarios sobre “Tela de araña

  1. ¡Qué majas Anita y Arabella! Me encantan las telarañas, me parecen preciosas y aunque no hubieras escrito nada, un post solo con la foto que, por cierto es muy bonita, me hubiera gustado tu entrada.

    1. Ah gracias…

      Y le dices a tu jefa que no se preocupe. Que las buenas novelas son las que dan la sensación de que el autor no ha sabido qué hacer con sus personajes, que no se dirigen a ninguna parte, que se han estancado en sus comportamientos, que son planos, que no hay acción ni argumento y que falta una idea clara de lo que quiere contar desde el principio.

      Todo lo demás es mercadotecnia aplicada a la pirotecnia.

      Qué sabrán los editores. Si supieran algo de literatura, serían escritores.

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