El paso del tiempo

tiempo

El paso del tiempo. Esa idea flota ahora -y sola- en mi cabeza. No sé qué es peor, que el tiempo pase, que esa idea de que el tiempo pasa esté tan metida en mi cabeza o que sólo tenga esa idea -y esa sensación permanente- en mi cabeza, que no haya en ella nada más. El paso del tiempo.

No soy capaz de desarrollar nada más acerca de esta idea, de esta certeza, de este vértigo tan lento. Nada acerca de su inevitabilidad, nada.

Ya sé que no es gran cosa pasar el tiempo pensando en el paso del tiempo, ya sé que no es más que perderlo. Pero ahora mismo solo flota -no hay nada más- esa idea en mi cabeza. Pero es que, además, no soy capaz de pensar nada acerca de ella.

Al rato, casi por azar, me doy cuenta de que mi corazón late. Y que late gracias al paso del tiempo.

Imagino entonces que la vida es un surfista -un tanto torpe, pero a veces, por eso mismo, temerario- que avanza subido en la ola del paso del tiempo. El paso del tiempo ha dejado de ser una idea para ser una imagen. Una imagen que se desvanece enseguida y que no sé si habrá sido útil o lo habrá confundido todo un poco más.

Pero volvamos a los latidos.

Respiro con toda la lentitud de la que soy capaz y pienso en el paso del tiempo -es la única idea que se pasea por los amplios y desiertos salones de mi cabeza-, mientras intento relacionarlo con el hecho de que el corazón lata.

El corazón y los otros pulsos latiendo… como si esto le importara al paso del tiempo.

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2 comentarios sobre “El paso del tiempo

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