¡Proteja sus libros!

library

Salvo en las lejanas épocas escolares -y entonces lo hacía por obligación-, nunca he vuelto a forrar un libro. Me limito a leerlos y abandonarlos después en una estantería. Me acompañan -y espero que lo sigan haciendo- con una mezcla de amor y sorpresa. Amor y sorpresa aun al cabo de tanto tiempo.

Pero no me duele abandonarlos.

Siempre he sentido cierto repelús por cualquier tipo de veneración y exaltación, especialmente si esa veneración y exaltación van dirigidas a los libros y a la cultura en general y con mayúsculas.

Forrar los libros tal vez sea uno de los primeros y más básicos síntomas de tal idiocia. Y no acabo de entenderlo. Es como ponerse guantes para acariciar a alguien. (Iba a utilizar otra comparación que también valdría…)

Acaso así, forrándolos, se pretende preservarlos -a los libros- porque son objetos -¡qué digo objetos!- son tesoros cuasi sagrados. Y se elimina, de paso, cualquier embarazosa posibilidad de contagio. No sé.

Más adelante, si la enfermedad prospera, empiezan a crecer, y a hacerse más y más grandes, las bibliotecas propias, libros y más libros acumulados que no volveremos a abrir nunca más, pero a los que nos anclamos de por vida. Ellos resumen, de alguna manera, nuestra existencia, no solo intelectual, sino también vital.

Aunque la mayor parte de ella la hayamos construido, préstamo a préstamo, en las bibliotecas públicas. (Nuestras vidas amorosas son un poco también así). Pero esa es otra historia.

El nivel último y superior es el de considerar al libro como un objeto -¡qué vuelvo a decir, otra vez, objeto!- como un tesoro con un valor en sí mismo, sin que nada tenga que ver para ello su contenido. Estamos ante libros viejos, antiguos, únicos, ejemplares valiosísimos, amarillentos. La enfermedad, entonces, ha degenerado en una rara e incurable bibliofilia.

(Por cierto, si los pedófilos hacen esas cosas con los niños, ¿qué es lo que hacen los bibliófilos con los libros? Mejor no imaginarlo)

exlibris

En una de estas librerías de viejo -me llega un correo con el documento que veis aquí– venden un remedio para evitar los estragos del tiempo en tan delicadas reliquias, ya no cuasi, sino definitivamente sagradas.

Deberías saber -algo que yo ignoraba- que tu biblioteca -sí, el resumen y compendio de tu existencia vital e intelectual- se halla en peligro. De las más de 150.000 especies de lepidópteros, solo un diez por ciento son mariposas de colores que revolotean sobre los verdes prados. El resto son polillas.

Cada polilla -y hay unas 135.000 especies, se dice pronto-  puede poner de una sentada más de 100 huevos, de los que, al cabo de unos días, y de cada uno de ellos, emerge una larva que, antes de convertirse en capullo y después en adulto, vive durante tres meses sin nada más que hacer que alimentarse sin pausa.

Si tiene la suerte de caer en una biblioteca, la larva en cuestión se dará unos buenos atracones de celulosa, de la deliciosa celulosa con la que está fabricado el papel de nuestros libros, estén o no forrados.  Por lo visto, también les encanta -es especialmente suculento- el engrudo utilizado por los encuadernadores en el lomo.

Y lo que es más sorprendente, si puede, la larva en cuestión, mientras roe la celulosa, evita, con cierto escrúpulo, la tinta. Lo que está escrito, vamos.

Así que, como venía diciendo, esta librería de viejo ha decidido comercializar unos ex libris antipolilla. Están hechos en papel de hilo y van impregnados con un repelente elaborado con esencia de cedro. Así, de paso, perfuman la biblioteca con su delicado y oriental aroma.

Este repelente también resulta eficaz para ahuyentar a otros enemigos de los libros, como son los pitnus – el Ptinus fur y el Ptinus mollis, sin olvidarnos del Anobium molle– una horrible variedad de insecto o mínima cucaracha que también se siente atraído por los libros, así como para los anobium, antrenos, blátidos, carcomas…

No sé si funcionará este repelente con aroma de cedro con los demás enemigos de los libros: editores, críticos, profesores, poetas de provincia, profesionales de la literatura y escritores de renombre.

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5 comentarios sobre “¡Proteja sus libros!

  1. Antes compraba muchos libros pero como muy raramente los vuelvo a leer, he decidido sacarlos de la biblioteca. Solo si alguno me gusta muchísimo y considero que merece la pena tenerlo, no sé muy bien para qué, me lo compro. Aunque si entro en una librería siempre pico, menos mal que como van quedando pocas tengo menos tentaciones.

    1. …entonces, cuando entras en una librería y compras algo, es lo mismo que ir al súper, no haces más que comprar comida para las larvas…

  2. Casualmente acabo de pintar la estantería (es de obra) de casa, reorganizar todos los libros y he acabado por tirar un par de papeles de compra de libros usados. No he encontrado nada dañino. Tengo la sensación de que el repelente soy yo misma, para los libros y para otros enemigos, lo cual me alegra enormemente.
    Alguna negrita más pondría yo en algún guiño….
    Me lo llevo a mi muro del caralibro.

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