El cerebro de la rata

El cerebro de la rata funciona con una alternancia -que no nos resulta extraña- de inteligencia y cobardía. Tal vez no sean -esa inteligencia, esa cobardía- más que puro instinto de supervivencia. El cerebro de la rata no tiene tiempo para pensar. Actúa siempre entre las subterráneas sombras.

Un grupo de científicos está estudiando desde hace timepo las conexiones neuronales en la corteza cerebral de las ratas. Dicen que llevan más de cuatro décadas haciéndolo. Debe ser -debe ser- fascinante.

Ahora -dicen- están en disposición de integrar los resultados y obtener -en la medida de que esto sea alguna vez posible- algunas conclusiones. Dicen que el mapa de estas conexiones neuronales del cerebro de una rata es muy similar a la estructura con la que se sostiene y funciona internet.

cerebro

Así que internet no reproduce -ni se parece a- la estructura funcional del cerebro humano, aunque fue el cerebro humano quien lo puso en marcha y lo mantiene. Al hacerlo, de manera supongo que involuntaria, el cerebro humano diseñó un mapa de conexiones muy similar al del cerebro de una rata.

La corteza cerebral es como un mini Internet”, explica Larry Swanson, autor principal del trabajo, llevado a cabo por un grupo de científicos de la Universidad de California del Sur. “Internet tiene innumerables redes locales que se conectan con redes regionales mayores y finalmente con los nodos que forman su red troncal. El cerebro funciona de forma parecida”.

Más allá de lo visible del cerebro, lo que importan son las conexiones que se establecen, cómo, para qué, de qué manera. Los sistemas sensoriales captan la información externa que desencadena el funcionamiento de esa complicada red interior. Detrás del conocimiento -y me temo que, también, del sentimiento- subyace una compleja arquitectura celular muy jerarquizada. Nada más.

El núcleo de la corteza cerebral de una rata está formado por dos redes locales, una controla la visión y el aprendizaje, y otra regula el funcionamiento del organismo, los órganos, los músculos, las extremidades y todo eso.

A éstas dos redes las envuelven -como una matrioska acoge y engulle a otra matrioska- otras dos, una relacionada con el olfato -por eso mueven tanto las ratas su frío y húmedo hocico- y otra en la que se recoge y procesa la información -procurando no liarse demasiado- de las otras tres.

Pero, desgraciada o afortunadamente, estas interconexiones entre los distintos módulos se establecen -ay- de manera asimétrica. No todo es mecánico o automático, según estos científicos, existe una base genética, altamente condicionante, para algunos flujos de información en el cerebro. Depende de qué tipo de ratas hayan sido tus padres.

Ahora entiendo por qué resulta tan placentero desconectarse de la red.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s