Una simple cuestión de porcentajes

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Basta con que utilicen algo de calidad, aunque sea en dosis mínimas, para que lo publiciten al máximo. Pasa, no sé, con las patatas fritas en aceite de oliva -virgen extra, además-, en las que sacan una aceitera y unas olivas dibujadas en la bolsa a un tamaño mayor que el de las mismas patatas, y si te paras a leer los ingredientes -el porcentaje utilizado de aceite de oliva-, pues te entra la risa. Y un poco también la indignación.

Pero en este caso del té con limón se sobrepasan -creo- todos los límites de la indecencia. No es que sea un elemento más del producto el que se utiliza para dar prestigio -y, sobre todo, para justificar un precio más alto- a lo que quieren vender, sean unas patatas fritas o un chalet adosado, es que en este caso se trata del producto en sí.

Te venden té con limón, y supones que estará fabricado fundamentalmente con té -aparte de los conservantes, edulcorantes, estabilizantes y otros antes, que tenemos ya asumidos en nuestra, cada vez más, delirante alimentación-, agua, limón, extractos, azúcares también, pero piensas que debe llevar, sobre todo, té.

Pues no. Te están vendiendo otra cosa. Porque si indagas en las minúsculas letras traducidas a varios idiomas de la parte de atrás de la etiqueta, entre las demasiadas líneas para tan simple producto, que ocupan los ingredientes, te las ves y te las deseas para encontrar aquello que crees que debe ser la base de lo que has comprado y -lo que es peor- de lo que te vas a beber, el té.

Al fin, como escondido, lo encuentras. Aunque no es exactamente té, lo que lleva la bebida es extracto de té. Por fin. Creo que estoy bebiendo té.

Pero tienes que ponerte -o quitarte- las gafas para poder atisbar la cantidad que lleva, el porcentaje con respecto al total. Y es entonces cuando piensas que no ves bien, que no puede ser, que, son tan pequeños los números, que debes verlos mal.

Parece que pone que la cantidad de té que lleva esta bebida de té, y que has comprado como si fuera bebida de té, no lleva más que un 0,8% de té, pero abro aún más los ojos -más bien los entrecierro para afinar la visión- y descubro -no puede ser, tal vez es una errata- descubro otro cero intercalado, no es un 0,8%, es, acabáramos, un 0,08%. Sic. Un 0,8% debe ser una exageración. Mejor con menos, pensaron.

Habrán metido y sacado la bolsita sin que apenas diera tiempo a que extracte. Tal vez la han tenido sumergida 0,08 segundos. No sé cuantos millones de litros pueden llegar a fabricar con 100 gramos de té.

Entonces, ¿qué estamos bebiendo? Bueno, y así todo.

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2 comentarios sobre “Una simple cuestión de porcentajes

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