Exactamente al revés

recorte

A veces uno se empeña en que todo salga rodado y al final las cosas salen como si se hubieran hecho exactamente al revés.

Con esfuerzo, con dedicación, intentado tenerlo todo previsto, para que no se escape nada, controlando hasta el más pequeño detalle, calculando cada posibilidad y previendo cada consecuencia, limitando al máximo cualquier posible desviación, dejándonos la vida en ello, para que todo salga bien, y todo esté bien, nos proponemos realizar cada acto que emprendemos, como si nos fuera la vida en ello.

Y demasiado a menudo, al final, las cosas toman su propio rumbo, su imprevisible deriva, su caprichosa -y dolorosa- manera de rebelarse, abocándonos, una vez más, al fracaso.

A veces, las cosas salen, como dice el recorte, como si se hubieran hecho exactamente al revés. ¿Para qué, entonces, tanto esfuerzo? Pero, si nos paramos a pensarlo, o dejamos que pase un tiempo y volvemos a observar el resultado -aquello exactamente al revés de como lo habíamos previsto-, nos damos cuenta de que también está bien así.

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