Barcelona 1399

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Estamos en Barcelona y corre el año del Señor de 1399. Acaba de morir Juan I de manera repentina y Bernat Metge, escribano real, así como otros cortesanos, cae en desgracia. Son encarcelados acusados de corrupción y traición. Están cambiando los tiempos.

Metge, hombre letrado, aprovecha su estancia entre rejas para escribir un libro, a la vez de desagravio y de entretenimiento. Lo escribe para un solo lector, el nuevo rey, Martín el Humano, a quien trata de convencer de su inocencia. La literatura también puede ser útil.

En la obra narra un raro sueño que ha tenido en la celda en el que aparece el rey muerto que en su disertación exculpa a Bernat de cualquier delito.

Además se explaya sobre diversas consideraciones, expuestas platónicamente a modo de diálogos, sobre la existencia del alma, sobre el enigma del más allá, sobre los defectos y vicios de la mujeres, y también, como contrapartida, de su defensa y loa, así como un vituperio muy completo del género masculino, siguiendo la tradición medieval de las disputas.

Los diálogos son vivaces y las descripciones certeras. El estilo es elegante, preciso y claro. Por primera vez el catalán alcanza su momento decisivo y es capaz de expresarse, por escrito, a la altura del latín. El renacimiento se abre paso.

El libro –Lo somni– fue escrito en 1399. Martín el Humano, después de leerlo, termina por exculparle y Bernat vuelve a la Cancillería como escribano real. Al entrar en palacio soltó aire con lentitud y alivio. En aquellos años esto de escribir era algo útil y valioso.

lo somni

En sus páginas se pregunta si existe el alma y dónde se encuentra:

Entre los antiguos filósofos hubo una gran discusión sobre qué era el alma; y Nasica dijo que el corazón, Empédocles, la sangre; otros dijeron que una parte del cerebro ocupaba el principado del alma; otros, que el lugar y el asiento del alma estaban en el corazón; otros, en el cerebro; Zenón dijo que el alma era fuego, Aristógenes, armonía de sonidos; Jenócrates, número; Platón imaginó triplicidad en el alma, cuyo principado, o sea la razón, puso en la cabeza, y las otras dos partes, o sea ira y deseo, quiso separar, poniendo ira en el pecho y el deseo debajo de las entrañas; Dicearco dijo que el alma no era nada y que vanamente se decía “animales” o “cosas animadas”; Galieno dijo que el alma era complexión; otros, que era cuerpo; Aristóteles, que después de Platón se acercó más a la verdad que los antes mencionados, dijo que era “endelequia”, voz griega que quiere decir continuado movimiento perdurable.

Entre las múltiples invectivas de las que son objeto, en una parte del diálogo, las mujeres, he entresacado ésta más leve y gráfica:

…y si se prendiera fuego en sus habitaciones, no saldrían hasta estar bien dispuestas.

También aparece en Lo Somni una descripción del infierno. Nos habla Tiresias, que lleva de la mano al autor, y que siempre hace alarde de un extremo escepticismo:

-¡Oh, de cuánta bruma de tinieblas están abrigados los deseos de los hombres! Pocos son los que sepan elegir lo que deben desear. (…) Muchos son los decepcionados en lo que han deseado: reinos, posesiones, riquezas, favor popular, elocuencia, solemnes patrimonios, amor de mujeres y otras felicidades mundanas, y las han alcanzado. Luego se han perdido por ellas. No es bien el que, alcanzado, hace vivir con congoja y abandona al posesor.

Bueno, ya termino:

Muchas veces se gana perdiendo; pero no todo el mundo es aritmético.

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2 comentarios sobre “Barcelona 1399

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