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Archive for 29 agosto 2015

(¿Cabe nuestra vida resumida en una sinopsis?
Tal vez incluso sobre espacio.)

Aquí van algunas -las últimas- que aparecieron en viejos periódicos. Apenas desvelaban el planteamiento, dejando en el aire el nudo y, por supuesto, el desenlace. Como si fueran, estos últimos, lo más importante…

end

Una solterona, hermana de un misionero, se enamora de un pescador.

–O–

Wilbur es un simpático pero tímido hombre cuyo mayor problema es acabar las cosas que empieza.

–O–

Una pareja de enamorados comienza a tener problemas precisamente cuando se casan.

–O–

Siguiendo el ejemplo de su hermano mayor, que acaba de casarse, seis hermanos leñadores deciden que ha llegado el momento de imitarle.

–O–

Una expedición en la selva encuentra un simio gigantesco que se enamora perdidamente de una joven exploradora.

–O–

Una mujer casada refleja sus frustraciones en un diario. Un día, un ladrón se lo roba.

–O–

De una nave sale, tambaleándose, una extraña figura que se desploma medio muerta.

–O–

Una muchacha viaja sola en tren. Conoce a una pareja de recién casados y hace amistad con la esposa, que va a ser presentada a sus suegros. En el momento en que la mujer le ha prestado su anillo de boda, el tren sufre un accidente.

–O–

Un científico demente trata de mantener con vida a una especie de roca animada.

–O–

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Es muy importante el lugar del accidente.

No es lo mismo tenerlo en una carretera secundaria perdida de la mano de Dios y por la que no pasa ni un alma, a eso de la hora de la siesta en pleno agosto, o, peor aún, a altas horas de la noche en mitad de la cellisca de invierno, a que se produzca a lado de un hospital.

Si el accidente tiene lugar en las mismas puertas de Urgencias, se puede decir que, en cierta manera, ese día, al fin y al cabo, era tu día de suerte.

Esto es lo que sucedió hace unos días:

accidente

Al final no hubo que lamentar víctimas, tan solo daños materiales. Eso sí, se podría decir que no tardó nada en llegar la ambulancia al lugar de los hechos, y que en menos de un suspiro -casi como por arte de magia- estaban ya en Urgencias. Fue todo inmediato. Aunque no explican si el herido resultó herido.

Siempre he pensado que si me han de atropellar algún día, que lo haga una ambulancia, vacía a ser posible y cerca de un hospital. Tampoco pido que sea en la misma entrada de Urgencias. Eso sí, con otro conductor si es posible.

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Odio al lector

books

Un escritor odia a sus lectores. Cuando no lo hacen -leer- con mucho interés, solo para pasar el rato, o simplemente lo hacen -leer- para no acordarse de sí mismos, lo malinterpretan todo. Malditos lectores. Sacan conclusiones equivocadas o prestan atención a lo más superfluo, dejando pasar de largo -siempre- lo más importante. Tampoco tienen ningún reparo, en algunas ocasiones, en mostrar, incluso, un entusiasmo desmedido por lo que leen, un entusiasmo tan exagerado como rápida es la manera que tienen de olvidar lo que han leído.

Un escritor odia a sus lectores. La suerte que tienen éstos, es que no suelen -los escritores- ir armados. Si alguno manejara las armas, podrían llegar a cometer asesinatos, asesinatos, claro, de lectores suyos. Lo harían mientras los lectores leen algo del escritor que porta la pistola. Y lo haría -el escritor- en legítima defensa.

Un escritor no tiene más remedio que odiar a sus lectores. Si estos son muchos, la situación del escritor es realmente desesperada. No puede ya intentar –realmente– hacerse entender, comunicar sus sentimientos o sus historias de la manera que él necesita hacerlo, debe considerar como algo ya del todo imposible establecer una mínima y cierta complicidad. Y ni siquiera puede matarlos a todos.

Un escritor sale a pasear. Intenta olvidarse de sus lectores, de ese odio que siente por ellos, y piensa que sería feliz si sus lectores fueran precisamente los otros, esa gente que pasa por la calle, a los que ama y por los que escribe, justo los que no le leen.

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Comparativa (19)

tela

como una planta carnívora vegetariana
como una peluquería sin ningún espejo
como el vaso de agua de los conferenciantes
como un columpio fabricado con la soga de un ahorcado
como un catedrático de metafísica hurgándose la nariz en un semáforo
como un astillero tierra adentro
como torturar a un masoquista
como una lata de conserva esperando en la alacena equivocada
como un faraón posando de frente para que lo inmortalicen de perfil
como un acuario de peces tropicales en el fondo del océano ártico
como una mujer barbuda depilándose de manera exquisita y minuciosa las cejas
como un tapacubos entre amapolas en una cuneta

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Un águila bajo el sol

aguila en el sol

Aparece describiendo lentos, amplios y pausados círculos, esta vez demasiado cerca, sobrevolando el territorio bajo un sol de justicia, de una inclemencia casi insoportable. Se ve brillar su oscuro plumaje y cómo mueve con precisión la posición de las alas o de la cola para aprovechar las corrientes de aire que la llevan y la hacen avanzar -siempre en círculos- sin ningún esfuerzo. Lo mira todo con su ojo de águila. Da armónicas vueltas casi sin mover las alas, simplemente extendidas, con la elegancia un tanto desasosegante del que acecha sin tener ninguna prisa.

Y siento, a esta hora de la mañana, que el sol es una especie de lanzallamas demasiado cercano. Y veo que el águila gira en el cielo bajo el sol, y, por unos segundos, siento que la tierra también gira, no solo sobre su propio eje, sino también alrededor del sol, y siento que el mismo sol, y todo el sistema solar, también se desplaza -aprovechando tal vez, también, las corrientes de aire interestelar- en el espacio, entre las otras galaxias, y también gira.

Me tengo que parar entonces y apoyarme en el tronco de una encina.

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I

Soñaba con ser un gran poeta pero a lo que único que llegó es a ser un poeta algo peor que malo, un poeta, como dicen los eruditos, estimable, esto es, mediocre. También lo intentó, con mayor ahínco, en el teatro, aunque en su tiempo la competencia de talentos era feroz y nadie podía aspirar siquiera a compararse con el genio y la prodigalidad de quien dominaba, de manera abrumadora, la escena, un tal Lope. Así que terminó intentándolo en el más prosaico terreno de la prosa.

Probó diversos géneros con una pulcritud y un oficio admirables, transitando primero las bucólicas y soporíferas tramas de la novela pastoril con La Galatea, y atreviéndose finalmente con las peripecias inverosímiles de la novela bizantina. Aquí puso todo su talento, ésta había de ser su definitiva obra maestra. Con ese ánimo escribió para la posteridad Los Trabajos de Persiles y Segismunda, que, sin embargo, fue muy pronto destinada al olvido, de la que solo la rescatan de tarde en tarde desde algún departamento universitario de literatura. Pero Cervantes pensaba que era su obra más acabada y perfecta.

Mientras tanto escribió unas magníficas y pequeñas novelitas –ejemplares– que pertenecían a un género menor. De entre ellas es muy probable que saliera Don Quijote. Tal vez ideada como una pequeña novela de entretenimiento, enseguida, sin saber muy bien por qué, se le fue de las manos. Aunque esta de írsele de las manos no me parece una expresión acertada. Simplemente creció y creció hasta convertirse en la mejor novela -que al final fueron dos- jamás escrita.

II

Por eso, la primera frase del Persiles -“Voces daba el bárbaro Corsicurvo…”- es tan campanuda y sonora que incluso, si lo mides, no es más que un verso, un endecasílabo perfecto para un noble y elevado soneto. Una novela que comienza así, la puedes disfrutar a ratos, aunque muy pronto se hace insoportable.

Y por eso, también, la primera frase del Quijote -“En un lugar de La Mancha…”- no es más que un humilde octosílabo, como tantos otros que conforman los romances que la gente aún puede escuchar entretenida y sin complicaciones. Pretendía Cervantes contar una historia y, en absoluto, escribir una obra maestra.

III

Alonso Quijano-Quijote. Con ese sufijo despectivo que pretende ridiculizarle. Como el de Pierre-Pierrot. O el de Charles-Charlot. O, como en la obra de Beckett, God-Godot.

IV

Magullado, tirado por el suelo, ridiculizado una vez más, después de haberse enfrentado él sólo, don Quijote de La Mancha, contra los gigantes, ve venir acercarse a Sancho para ayudarle a que se levante y comprobar si está o no malherido, y le escucha cómo le reconviene, aunque se diría incluso que con dulzura: “Pero ¿no ve, mi señor, que son molinos?”.

Y Alonso Quijano, el bueno, los mira y comprueba que es cierto, son ahora molinos, simples molinos. Pero achaca la extraordinaria mudanza a malvados encantadores que los han transformado en el último instante por arte de mala magia, y que han querido así dejarle en evidencia para mofa de todos, y robarle la gloria.

Entonces dice don Quijote -y aquí está resumido todo el libro-: “Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”.

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