Sonrisa (2)

sonrisa

(El otro día, mientras pasaba por una de las calles más a trasmano del barrio, noté que una joven me miraba y sonreía. No la vi, simplemente lo noté. Me pareció extraño y no sé si agradable. Nunca sabré por qué sonreía).

En mi barrio nunca suceden cosas extrañas. Aunque también se pudiera decir que en mi barrio no paran de suceder cosas extrañas. Cualquiera de las dos afirmaciones podría ser cierta. Según. Es un barrio como otro cualquiera.

El otro día, mientras pasaba por una de las calles más a trasmano del barrio, por encima de los complicados y torpes graffitis y de los carteles pegados de cualquier manera, descubrí, a una altura inusual y cuidadosamente colocada, con la intención de que perdure allí puesta, una reproducción de la Gioconda.

Realmente, a estas alturas, la Gioconda no viene a cuento. ¿Quién se molestó en colocarla allí? ¿Y para qué? Tal vez para que mirara -con su insoportable gesto de suficiencia- a la gente que pasa con prisa, con una mano sobre otra y con su legendaria y enigmática sonrisa que, por cierto, a mí siempre me pareció más bien pánfila.

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