Blues mínimo

Sligo River Blues. John Fahey. 1959

(Un joven John Fahey descubre en el sótano de su casa unos extraños y polvorientos discos a 78 r.p.m. de viejos músicos negros de blues y folk grabados allá en los últimos años 20 y primeros de los 30. Pero el sonido de las guitarras aún fulge magnífico entre las crepitaciones de la aguja rasgando la pizarra. Una lenta y poderosa fascinación le anega allá abajo, en el oscuro sótano.

Con el primer dinero que gana como empleado en la gasolinera en la que empieza a trabajar, graba su primer disco del que solo puede prensar 95 copias. Un disco instrumental en el que las cuerdas de acero de la guitarra acústica sonaban un poco como en aquellos oscuros discos. Sin embargo era, también, algo absolutamente vanguardista para su tiempo. Estamos en 1959.

Hoy Fahey es considerado un genio precursor y seminal de la guitarra. Desconocido y oculto, sus seguidores siguen venerándole, intentando continuar abriendo caminos con la cuerdas y acordes de sus guitarras tranquilas).

Sligo River Blues tiene una melodía sencilla, no puede ser más básica, como la de un blues mínimo, pero a la vez, su carga emocional es de una profundidad inacabable. Repite dos o tres notas, las repite como si intentara avanzar dentro de la inmovilidad. Y avanza porque, mientras escuchas, sigues esperando a que gire y continúe en otra dirección, que lo haga en algún momento, en cualquier momento. Esperas y no lo hace. Solo continúa repitiendo, mientras la sencilla melodía se carga de emoción, belleza hipnótica, melancolía y magia.

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