Vida de Alma

alma mahler 1904

En Viena, en el corazón mismo del decadente imperio austrohúngaro, condenado inevitablemente a una rápida desintegración, latían, sin embargo, las semillas del nuevo siglo XX. Las nuevas ideas en literatura, en música, en pintura, en ciencia, en arquitectura, en pensamiento, bullían imparables. Viena era el centro del mundo.

Y en el centro del mundo se hallaba una mujer.

Alma Schindler, de singular belleza, extraordinaria inteligencia y exquisita sensibilidad, tenía talento para la música, su gran pasión que la salvó de tantas cosas. Pero no pudo desarrolarla como quisiera, porque se vio envuelta por todas las corrientes de la cultura y el pensamiento del siglo XX, no solo de una manera teórica, sino envuelta en primera persona. Los más distinguidos talentos de la época se enamoraron de ella.

(Aunque la lista no es exhaustiva…) El pintor Gustav Klimt le dio su primer beso. El director teatral Max Burckhart se enamoro de ella. Así como el compositor Alexander von Zemlinsky. Tuvo un apasionado romance con el pintor Oskar Kokoschka, que no superaría perderla y volvió, durante todo su vida, a intentarlo una y otra vez.

En 1902 se casó con Gustav Mahler. El biólogo y músico vienes Paul Kammerer también se enamoró de Alma. A la muerte de Mahler, se casa con el joven arquitecto Walter Gropius, que más tarde fundaría la Bauhaus. Pero el matrimonio no funciona. Hasta que, tras separase de él, encuentra su verdadero amor, el novelista Franz Werfel, amigo de juventud de Kafka…

Pero no es mi intención hablar de Alma Mahler. Su vida es demasiado intensa y mis conocimientos -y ganas- demasiado escasos. No habría espacio, además.

Simplemente leí hace días con asombro el relato de su Vida, escrito por ella misma. Es una recopilación de sus diarios, que escribió metódicamente durante tantos años. Están llenos de impresiones, sentimientos y ráfagas de inteligencia. Pero esta vez no me he molestado en rescatarlas.

Solo el azar ha salvado estas frases. Como cuando escribe -y sabe de lo que habla- que:

Los más inteligentes rara vez son improvisadores. Les falta en cierto modo la imaginación.

O cuando, en plena y final mudanza -las tropas hitlerianas avanzan-, escribe con desánimo y lucidez:

Tengo que empaquetar ahora diez mil libros. Cuadros, partituras, preciosidades de todas clases. En el fondo no son más que chatarra ante la eternidad y un lastre en la vida diaria.

Son muchas las ideas que se suceden, al hilo de una vida tan intensa y trepidante, feliz en ocasiones e insoportablemente dolorosa en otras. Por eso termina la frase de su Vida, a modo de resumen, diciendo:

Cualquier persona puede hacerlo todo, pero tiene que estar, también, dispuesta a todo.

Aunque la que más me ha gustado -tal vez porque me ha resultado familiar- es ésta -ya sé que no es tan trascendente como las otras- con la que describe lo que solía hacer su padre -al que adoraba- cuando tenía problemas:

Si las cosas se le complicaban demasiado, se echaba a dormir o se ponía a escribir.

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