Ciempiés

ciempiés

Allá va el ciempiés, avanzando con lentitud, pasito a pasito, cimbreando el cuerpo articulado en anillos, mientras todo lo palpa con sus dos antenas. Como si no se fiara de lo que ve, o viera poco. Irá en busca de alimento, cobijo o un lugar más soleado, o más húmedo. No sé. Desconozco sus costumbres.

Mueve, al hacerlo, sus numerosos pares de patas, a la manera de un imperceptible oleaje, con una absoluta precisión y coordinación, un tanto busbyberkeleyanamente.

A pesar de su brillo, no podemos decir que sea muy agraciado, pero al menos ha tenido la delicadeza de dejarse crecer unas diminutas patitas, para no arrastrase por el suelo.

Algún científico las habrá contado, pero estoy convencido de que los ciempiés tienen menos de cien patas, o más. De lo que estoy seguro es de que nunca tienen cien.

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