Tronco

olivo

El tronco del olivo es casi mineral, mientras la tierra que lo acoge es casi vegetal.

Llevan juntos mucho tiempo.

Las raíces, desde entonces, avanzan bajo tierra. La tierra se deja abrir, acoge esas poderosas raíces y se encarga a la vez de sostener y fijar ese tronco casi pétreo.

Es mucho más duro que la propia tierra. Parecería, incluso, que renegara de su naturaleza vegetal, pero un poco más arriba, de sus viejas ramas nacen unos jóvenes varetones, verticales, que buscan la luz del sol mirando siempre hacia arriba, en un impulso -como el de las raíces- también poderoso e imparable.

Pero el tronco permanece alejado de esas veleidades -que se renuevan año tras año en un afán prodigioso de insensatez- atento a lo que sucede en el subsuelo.

El tiene un corazón de piedra, viejísimo y endurecido, que, sin embargo, aún bombea oleadas de savia hasta el último filamento de la última hoja que se cimbrea en lo más alto del olivo.

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