Una especie de camaleón al revés

Kameleont

Tenía la innecesaria habilidad de hacer sentirse mal -o más bien culpable- a la gente con la que estaba.

Si los que estaban con él eran más o menos felices y les iban bien las cosas, se las apañaba siempre para aparecer ante ellos como alguien desdichado, constante y afligida víctima de una pertinaz mala suerte, alguien que, a todas luces, no se merecía lo que le estaba pasando, derrotado de manera tan injusta.

Y los que estaban con él no tenían más remedio que sentirse mal por ser ellos más o menos felices, que sentirse culpables porque les iban bien las cosas.

Pero también ocurría lo contrario. Si los que estaban con él estaban agobiados por los problemas y las obligaciones, y no les iban demasiado bien las cosas, se las apañaba siempre para aparecer ante ellos como alguien más o menos feliz, alguien sin grandes problemas y sin ninguna obligación, una persona libre al que la vida sonreía, sin no con abundancia, sí, al menos, con placidez.

Así que los que estaban con él no tenían más remedio que sentirse aún más desdichados, envidiándole de corazón, mientras maldecían su esquiva o pésima suerte.

Lo raro del caso es que, a pesar de estar siempre con quien no debía y provocar siempre sensaciones contradictorias y no muy agradables, nunca causaba rechazo, antes al contrario, su presencia era bien recibida y era, finalmente, muy apreciado por todos.

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