Escribir reportajes (A la manera de)

revistas

Entré en aquella oficina con la esperanza de escribir también. En aquella oficina se dedicaban, casi en exclusiva, a escribir reportajes de, los así llamados, viajes. Todos esos reportajes eran horribles en su previsibilidad, llenos de lugares comunes, llenos de profusos -y también nauseabundos- adjetivos y todos, finalmente, llenos de un aire de falsa belleza inesperada y fingida libertad.

Intenté entonces escribir también horribles reportajes de, los así llamados, viajes. Pero enseguida, el responsable de su publicación empezó a no encargarme más de, los así llamados, reportajes. Se dio cuenta de que algo no cuadraba en lo que yo escribía, de que algo le desagradaba en lo que le entregaba.

Eran, en realidad, reportajes horribles, escritos de una manera horrible, similarmente horribles a los que, tan a menudo y con el mayor de los éxitos entre los numerosos lectores que, en realidad, no leían, solo contemplaban con arrobo las fotografías de aquellos lugares que, aun siendo reales, una vez fotografiados por los mejores fotógrafos, así llamados, de viajes, se convertían en nauseabundos lugares de ensueño, se publicaban en las más prestigiosas revistas.

Pero el problema era que esos horribles reportajes que escribía al principio -luego no los volví a escribir nunca más– eran, o bien demasiado horribles en su previsibilidad, en el agolpamiento indiscriminado de lugares comunes que abarrotaban cada párrafo y en sus profusos -y siempre los mismos- adjetivos, o bien lo eran demasiado poco. Nunca conseguí que tuvieran el grado justo de horribilidad. O caía en el exceso innecesario o adolecía gravemente de esos rasgos inherentes al género de los, así llamados, reportajes de viajes.

El responsable de su publicación nunca volvió a encargarme ni uno solo de esos reportajes, solo lo hizo en casos de extrema necesidad y desagradablemente obligado, y me encomendó entonces mecánicas labores administrativas. Así estuve casi nueve años -sin volver a escribir una sola horrible línea, solo enfrascado en mis mecánicas labores administrativas- hasta que me despidieron.

Fue entonces, ya en la calle, -de manera, además, definitiva-, cuando empecé a escribir, por puro entretenimiento y quién sabe si desahogo, estas historias que ahora estáis leyendo. Estoy seguro de que ya habéis detectado lo horribles que pueden ser en su previsibilidad, en sus lugares comunes, en sus fastidiosos adjetivos, en su aire de fingida belleza y falsa libertad.

Por eso, también de alguna manera, que nunca estarán al nivel exigido para ser publicadas.

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4 comentarios sobre “Escribir reportajes (A la manera de)

      1. Jajaja, la verdad es que su estilo es muy pegadizo y ese sentido del humor semi oculto…Esto no tiene nada que ver con T. B. pero me ha hecho gracia tu texto porque yo trabajé un breve tiempo escribiendo reportajes de viajes, sin viajar.

      2. Bien pensado, cuando viajamos, tenemos la horrible costumbre de hacerlo agarrados a una de esas abyectas guías de viajes, y en realidad no viajamos, simplemente intentamos reconstruir lo que nos dice la guía. Así que para escribir los, así llamados, reportajes de viajes, tampoco es muy necesario viajar.

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