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Archive for 29 enero 2016

Flor, flores

Silene colorata 1

No solo vivimos tiempos extraños, sino que el tiempo está raro.

El invierno está siendo inusualmente cálido y todo en el campo no sabe muy bien a qué atenerse. Las flores -y algunos frutales- han decidido florecer antes de tiempo. De hecho, algunas de ellas no han dejado de hacerlo, como si vivieran en una primavera constante. Todavía no han tenido que soportar -o sucumbir ante- ninguna helada.

Las flores silvestres no se dan ninguna importancia. Se diseminan entre la hierba o se protegen al abrigo de alguna pared de piedra. Ésta que -un poco absurda y displicentemente- he fotografiado es especialmente liviana y de color malva, aunque a veces opta por un rosa pálido.

Tras un rato largo de búsqueda en internet, logré identificarla. Se trata de una Silene Colorata y dicen los expertos que es una herbácea que adorna los prados y encinares desde que comienza la primavera. La llevo viendo todo el invierno.

Silene colorata 2

Pero estamos en pleno invierno, y a pesar de ser éste tan cálido y de no haber helado, hay días, hay ratos, en los que el frío vuelve, y la flor, de pétalos tan leves, parece que se encoge y los abarquilla. Ella pensaba que estaba en primavera y ese frío, tan lógico como imprevisto, la hace encogerse. Y le ocurre como a nosotros, que cuando nos encogemos cerramos los puños, como si tuviéramos pensado liarnos a puñetazos. Pero solo es movimiento reflejo, sin otra intención que la de protegernos.

Pero basta un lametazo de sol -un poco de calor- y le ocurre otra vez como a nosotros; entonces se despereza, desenrolla sus pétalos y luce más confiada, agradecida.

Silene colorata 3

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Poda (3)

monton_de_ceniza

Después de la cosecha queda el olivo golpeado y exhausto. Sabe que después, por si fuera poco, llegan las hachas y las sierras. La poda reduce su copa y las ramas se amontonan para ser quemadas.

Con el tiempo, el árbol volverá a recuperar su fronda, listo ya, entonces, para la nueva cosecha. Pero ahora vivimos el tiempo de la ceniza.

Hay varios montones grises, con aspecto de mínimos volcanes, que nos recuerdan algo triste, algo relacionado con la desaparición de la vida, con su fin, con su futilidad después de todo. Una fina lluvia la ha apelmazado. El viento, después, la terminará por esparcir. Todo es nada y debe ser así.

Cuando tengamos algo más de tiempo cargaremos la ceniza en una carretilla y la distribuiremos con cuidado en torno a los árboles más jóvenes, incluso sobre la incipiente huerta. Esa capa de cenizas los protegerá de las posibles plagas de gusanos y otros bichos, de la odiosa proliferación de hongos. También, dicen, aporta nutrientes al suelo y contribuye, finalmente, a la bondad de la cosecha.

Así que eso de que todo es nada debería habérmelo ahorrado. Aunque termine el viento por llevarse todas esas minúsculas partículas grises que un día ardieron.

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Viajes

Delle_meravigliose_cose_del_mondo

A menudo ocurren estas cosas. Nada es lo que esperas o imaginas, aun cuando sea, al final, exactamente como debe ser y no puedas argüir siquiera que ha habido engaño. Y sobre todo, si el texto es de finales del siglo XIII o principios del XIV. Has de armarte de paciencia.

El Libro de las Maravillas narra los viajes de Marco Polo, mercader veneciano, por el Asia central -Armenia, Persia, Afganistán…-, siguiendo la Ruta de la Seda hasta llegar a Mongolia y China, y seguir después hasta Japón, India y Ceilán. Parece, de entrada, realmente fascinante.

Era una de las primeras veces que un occidental viajaba a esas tierras y luego lo contaba por escrito. Aunque los historiadores dudan de la verosimilitud de todos los viajes que se le atribuyen. Tal vez Marco Polo, más de lo que es tolerable para un historiador, solo escribiera de oídas o lo copiara de otros textos.

Además no escribió él directamente sus viajes, sino que fue un tal Rustichello da Pisa quien lo hizo, cuando coincidió con Marco Polo en la cárcel de Venecia, después de escuchar sus relatos y aventuras. Allí tuvieron tiempo de contar y de escribir. El texto, por cómo está escrito, parece realmente obra de un escribano.

Al leerlo, enseguida te das cuenta de que, más que un libro de viajes, es una especie de manual para mercaderes, un estudio de mercado, por así decirlo, en donde, con cansina meticulosidad, se señalan las distancias entre las ciudades, en jornadas y millas, si hay alojamientos en el camino, habituales peligros y otros consejos prácticos para el viaje, enumerando las mercaderías que se pueden conseguir en una y otra ciudad, anotando pesos y medidas, así como las diferentes formas de pago.

Pero también está en el libro todo el oriente desconocido y su aura mágica.

No en vano, Cristóbal Colón poseía un ejemplar cuidadosamente anotado por él mismo. Aunque tuvo mala suerte y América se interpuso en su camino. Así que de poco le sirvió el libro.

viajes marco polo

Entre datos y someras descripciones se escapan algunos rasgos que explican con asombro ciertas costumbres locales de los habitantes de aquellas lejanas tierras. Supongo que excitarían la imaginación -y los deseos de viajar- las que tenían los habitantes de Camul:

Son hombres de carácter alegre, que no saben más que cantar, tocar toda clase de instrumentos y darse a las delicias del cuerpo. Son hospitalarios, y si un extranjero viene a hospedarse en su casa, están encantados, ordenando a sus mujeres que hagan la voluntad del huésped. Ellos se van de la casa a ocuparse de sus asuntos, no regresando en dos o tres días. El forastero queda solo en la casa de la mujer y hace lo que le parece; se acuesta con ella como si fuera su mujer propia, y ellos lo toman esto a mucha honra. Todos los de esta ciudad son burlados por sus mujeres, pero no se ofuscan por esto. Las mujeres suelen ser hermosas y muy alegres.

También son muy avanzadas para su época las costumbres de los lugareños de la provincia del Tibet:

Os contaré cómo casan a sus mujeres. Ningún hombre tomaría por esposa a una virgen; dicen que no valen nada si no han conocido a otros hombres antes de casarse. Y por esta razón se aplican las mujeres a perder pronto su virginidad.

Ya en la isla de Java, no se complican mucho la vida en cuestiones de religión:

Adoran varias cosas. Cuando madrugan, la primera cosa que ven al levantarse, la adoran.

Y nos recuerda Marco Polo los peligros que le aguardan al viajero cuando se ve obligado a atravesar el desierto, no sin grandes fatigas e inesperados y extraños peligros:

Si cabalgando de noche por ese desierto alguien se aleja de la caravana y se queda distante de sus compañeros para dormir o para otra necesidad, al querer alcanzarlos oye voces que le hablan como si fuesen sus compañeros de viaje, y que le llaman hasta por su nombre. Esto les hace perderse más y más, de forma que se extravían por completo. De este modo perecieron y se perdieron muchos viajeros. Hasta durante el día oís las voces de esos espíritus y os parece oír instrumentos extraños, así como tambores.

marcopolo

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Aquellos más jóvenes -se necesita una cierta edad- no entenderán esto que voy a contar. Y ahora que lo pienso, tal vez tampoco habrán entendido muy bien -del todo- todo lo que he venido escribiendo durante estos años aquí. No sé.

Resulta que, cada vez más a menudo, me acuerdo de aquellos otros tiempos en los que vivíamos sin ordenadores ni teléfonos móviles. Simplemente no existían. Y procuro no olvidar -aunque cada vez me cuesta más- cómo vivíamos sin ellos. De cómo era posible.

También me pregunto ahora, aunque solo muy de vez en cuando, si ellos -los ordenadores, los móviles- nos han ayudado a vivir mejor, nos han solucionado los problemas, nos han hecho más libres o más felices.

Y cuando me pregunto estas cosas procuro no contestarme, y prefiero acordarme de cómo vivíamos entonces, -en aquellos otros tiempos, cuando no existían ni los ordenadores ni los móviles-, más que nada para que no se me olvide del todo.

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Como de pasada

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Lo dijo como de pasada.

Íbamos y veníamos, tan liados como siempre, insatisfechos y peleando por sobrevivir. Llegar a fin de mes era tan complicado como llegar al final del día con la suficiente capacidad -tan arduamente preservada- de poder dormir, más o menos plácidamente, unas horas. La vida no era lo que habíamos imaginado.

Sin embargo, y sin venir a cuento, nos dijo entrecerrando aún más sus pequeños ojos arrugados:

-No sois conscientes, realmente no os dais cuenta, pero es ahora mismo cuando estáis viviendo los mejores años de vuestra vida.

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Simulacro

Tuve que leer dos veces el titular para intentar enterarme de lo que había pasado, pero, aún así, seguía sin tener claro si lo había entendido correctamente. Debía fallar algo, algo relacionado con las difusas fronteras entre la verdad y la mentira, entre la realidad y la ficción.

simulacro

Cruz Roja busca a un hombre desaparecido en un simulacro

¿La desaparición del hombre era un simulacro? ¿O, tal vez, al realizar el simulacro, el hombre había desaparecido realmente?

Con la esperanza de averiguarlo -y sin que me interesase, realmente, lo más mínimo-, me detuve a leer la noticia. Pero a menudo, las explicaciones lo enredan todo un poco más.

Nos dicen que

Durante un par de horas un equipo de 16 voluntarios (…) ha rastreado el parque de San Lázaro y sus alrededores en busca de un hombre de 58 años, con principio de alzheimer, tras el aviso de desaparición dado por sus familiares al 112.

Así, de entrada, todo parece lógico. Pero a continuación -separada la frase por tan solo por un punto y seguido- nos explican que

A estas horas, el hombre se encuentra sano y salvo en su casa, ya que se trataba de un simulacro de búsqueda y rescate de una persona perdida en el campo.

La tranquilidad, de la misma forma que lo hizo en la casa del hombre desaparecido en un simulacro, se apodera finalmente del lector.

Pero en la realidad no todo es como parece, aunque lo sea. Porque algún párrafo más adelante la noticia especifica los detalles de lo sucedido, supongo que para aclararnos algo más el caso.

Tras rastrear el lugar y encontrar al desaparecido en una zanja, éste presentaba heridas que han atendido los voluntarios, completando con éxito el simulacro.

No especifican si el desparecido cayó en la zanja, o simplemente se cobijó en ella. Tampoco sabemos si las heridas eran reales o simuladas, si la cura de las mismas fue, en definitiva, real. ¿Tendría que ser todo simulado -¿tiene el hombre, realmente, alzheimer?- para que el simulacro fuera un éxito? ¿No debe haber, siempre, algo real? ¿Es necesario?

Son tan difusas las fronteras que no las distinguimos. Y así sucedió que

La presencia de ambulancias en la zona ha puesto en alerta a algunos vecinos, que a pesar de haber sido avisados de la actividad en las redes sociales, no sabían qué pasaba, y se han ofrecido a colaborar.

Y en esas andamos, colaborando con los simulacros.

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Forest-Glade

Los claros del bosque no son un lugar seguro.

Algún paseante alucinado, algún prófugo que huye de su propio destino, alguna mujer levemente desesperada, algún niño que no quiere ir de la mano de nadie, se encuentran, de manera accidental, alguna vez y siempre a destiempo, con un claro del bosque, ya sea durante el día o ya sea en una cálida noche de verano, y allí se detienen a descansar, tal vez a pensar.

No tiene nada que ver un claro del bosque con un cruce de caminos. No nos llevará a ningún sitio. La vegetación simplemente se interrumpe. Un espacio se abre inesperado. El bosque cesa.

Pero alguien se sienta en un tronco partido o sobre una roca y respira, por fin tranquilo. Oye los murmullos del bosque y la luz entra y se remansa.

Pero no son los claros del bosque un lugar seguro. No verás nunca un animal allí. Los evitan. Y los pájaros los atraviesan como alma que lleva el diablo en busca, otra vez, de la espesura.

En ellos todo es calma y silencio, como si estuvieran esperando siempre a alguien mientras el bosque maquina su venganza.

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