Poda (2)

poda

Los restos de la poda abultan más que el propio árbol. Como si al estar esas ramas minuciosamente desordenadas sobre la copa del árbol encontraran su lugar exacto para ocupar menos espacio y dejar, a la vez, pasar los rayos del sol.

Ahora, simplemente amontonadas, juegan a ser, otra vez, una nueva copa de árbol, aunque sin tronco que la sostenga, definitivamente caída sobre el suelo. Los pájaros, sin embargo, insisten en volver a su interior. Ya hay algún proyecto de nido dentro de esas ramas cortadas. Aunque las hojas empezarán a palidecer en unos días.

Si fuéramos capaces de podarnos por dentro -si eso fuera posible de alguna manera- también nos sorprendería el tamaño de las cosas que nos sobran.

Un día de estos -antes, los pájaros, al sentir nuestra cercanía, emprenderán el vuelo- quemaremos los restos de la poda, tan voluminosos como innecesarios. Y los miraremos arder sin pena.

Dicen que la ceniza es un buen abono.

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