Un minuto

Sin título

Ya se va notando algo.

Las partículas de luz han decidido, por fin, quedarse entre nosotros un poco más de tiempo a esta última hora de la tarde. Es como si estuviéramos saliendo de un túnel y la claridad nos fuera entregada, no de golpe, sino a cucharaditas. Un minuto más de luz al día, cada día. Y el agobio de las tardes tan cortas de noviembre y diciembre empieza a ser sustituido por algo así como una suerte de esperanza segura, de dádiva sin contraprestaciones. Las tardes se están estirazando poco a poco, lentamente.

Escribo ahora en esta última rendija de claridad.

Es solo un minuto más -más o menos- cada día. La luz se diluye más despacio y algo más tarde. Un regalo de luz fosca que, luego, malgastaremos, no sabiendo muy bien qué hacer con ella. Pero esta es -siempre- otra historia. Ahora la tenemos en nuestras manos mientras mantiene, unos segundos, la noche a raya.

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