Los claros del bosque

Forest-Glade

Los claros del bosque no son un lugar seguro.

Algún paseante alucinado, algún prófugo que huye de su propio destino, alguna mujer levemente desesperada, algún niño que no quiere ir de la mano de nadie, se encuentran, de manera accidental, alguna vez y siempre a destiempo, con un claro del bosque, ya sea durante el día o ya sea en una cálida noche de verano, y allí se detienen a descansar, tal vez a pensar.

No tiene nada que ver un claro del bosque con un cruce de caminos. No nos llevará a ningún sitio. La vegetación simplemente se interrumpe. Un espacio se abre inesperado. El bosque cesa.

Pero alguien se sienta en un tronco partido o sobre una roca y respira, por fin tranquilo. Oye los murmullos del bosque y la luz entra y se remansa.

Pero no son los claros del bosque un lugar seguro. No verás nunca un animal allí. Los evitan. Y los pájaros los atraviesan como alma que lleva el diablo en busca, otra vez, de la espesura.

En ellos todo es calma y silencio, como si estuvieran esperando siempre a alguien mientras el bosque maquina su venganza.

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