Mayormente en estos reynos

01_cancionero_marques_de_santillana_sEn aquellos lejanos tiempos no era tan raro -aunque en estos de ahora lo pudiera parecer mucho más- que uno de los miembros de una de las familias más poderosas y de más alta alcurnia del reino, a pesar de estar inmerso, más tiempo del que él quisiera, en constantes disputas y luchas, bien entre las distintas banderías políticas y cortesanas, bien entre las antagónicas facciones de la misma nobleza o, incluso, de la propia familia, cuando no lo estaba en la frontal y feroz batalla, que duraba ya siglos, contra la morisma, aprovechara los momentos que le dejaban libre estas ajetreadas e interminables contiendas para leer los escasos libros que circulaban por aquel entonces, traducir viejos autores de otras lenguas o escribir versos a pie contado. Como él mismo decía: “La ciencia no embota el fierro de la lanza, nin face floxa la espada en la mano del caballero”.

Don Íñigo López de Mendoza, hijo del almirante don Diego Hurtado de Mendoza y de su segunda mujer, doña Leonor de la Vega, nació en la villa de Carrión de los Condes el 19 de agosto de 1398 y murió en su palacio de Guadalajara el 25 de marzo de 1458. Ha pasado a la historia de nuestra literatura con uno de sus títulos nobiliarios, el de marqués de Santillana, y fue uno de los escritores más importantes del siglo XV y uno de los próceres -por su sabiduría, alcurnia, dinamismo intelectual y política belicosa- más eminentes de la corte de Juan II.

Siendo niño perdió a su padre. Para defender sus posesiones y evitar que otros miembros de la familia se aprovecharan de tal circunstancia para apropiarse de ellas, además, de paso, de añadirle más poder y tierras, su madre le concertó casamiento con doña Catalina de Figueroa. El único problema era que los contrayentes apenas contaban con diez años de edad, así que los desposorios tuvieron que retrasarse algún tiempo y tuvieron lugar cuatro años más tarde. Ya con catorce años, pues sí parece que estaban para bodas.

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Fue don Íñigo uno de los primeros en percibir que el viejo y castizo goticismo empieza a dar muestras más que evidentes de acartonamiento y decadencia. Él personalmente dio impulso a una intensa actividad humanística de traducción y recolección de libros, que agrupó, en abundante y desacostumbrado número, en la biblioteca de su palacio de Guadalajara. Era ésta un perfecto resumen de los avances intelectuales del siglo XV, desde las novedades italianas (Dante, Petrarca…) hasta el gusto por los autores clásicos, tanto latinos como griegos.

Allí imaginamos al marqués de Santillana disfrutando, en los escasos paréntesis de ocio y estudio que se podía permitir, de algunos poemas traducidos recientemente a la lengua vulgar, como la Eneida de Virgilio, las Metamorfosis de Ovidio o las Tragedias de Séneca…

…e muchas otras cosas en las que yo me he deleytado fasta este tiempo e me deleyto, e son asy como un singular reposo a las vexaciones e trabajos que el mundo continuamente trahe, mayormente en estos nuestros reynos.

Escribió canciones, sonetos, decires narrativos y poemas dialogados, pero estas obras, casi siempre morales y alegóricas, a pesar de sus grandes aspiraciones, o tal vez por ello, no tienen el alto valor poético de sus obras menores, menos ambiciosas, y escritas probablemente sin darles mayor importancia, tan solo para entretener. Ni que decir tiene que son éstas las que mejor han perdurado. Especialmente, sus serranillas, de verso ligero, llenas de rapidez en el giro y de vaguedad al mismo tiempo. Son espléndidos poemitas casi musicales, perfectos.

marques_de_santillana_2

En su Doctrinal de Privados nos advierte y recuerda:

Asy como sombra o sueño
son nuestros días contados.

En el Deçir contra los Aragoneses recurre, como haría a menudo, a viejos refranes:

Son peores los abrojos
de coger que de sembrar…

De manera más alegórica, en el Infierno de los Enamorados, nos cuenta sus pasos:

…Ventura,
contra Raçón y Messura,
me levó por do no quería.

Como nave combatida
de los adversarios vientos,
que dubda de su partida
por los muchos movimientos,
iva con mis pensamientos,
que yo mesmo non sentía,
quál camino seguiría
de menos contrastamientos.

Y si alguno critica sus versos, su prosaica manera de escribirlos, le advierte:

…el que deffetos fallare
tome la péñola en mano.

(La péñola es con lo que se escribía entonces, una pluma de ave. Así que si alguien critica o tiene a menos esto que lee, que pruebe él mismo a escribir, a ver qué tal. Porque parecer, parece fácil).

Ya voy acabando. Y lo haré con parte de la Serranilla IX, en la que el caballero le dice a la serrana:

-“Señora, pastor
seré si queredes,
mandarme podedes
como a servidor:

Mayores dulçores
será a mí la brama
que oyr ruiseñores”.

Después de la disputa acaba convenciendo a la áspera serrana:

Asy concluymos
con nuestro proçesso
sin façer excesso,
e nos avenimos.

Y terminó todo, condensado en estos tres escasos y sugerentes versos finales, después de que se avinieran, como podemos imaginar:

E fueron las flores
de cabe Espinama
los encubridores.

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