Suerte

herradura

No es tan malo el que te deseen suerte -buena, se sobreentiende-, como tenerla de verdad.

A menudo, y a las pruebas -extraordinariamente abundantes- me remito, esa buena suerte tan deseada acaba convertida en un absoluto desastre tan distinto de lo que imaginábamos, cuando no, en una interminable y angustiosa condena.

Porque si la mala suerte es incontrovertible -su nitidez y empecinamiento no dejan lugar a dudas-, la buena suerte muchas veces solo tiene de buena el adjetivo. Parece que ha de llevar implícita una notable carga de lágrimas derramadas en secreto y una inacabable serie de sonrisas forzadas, mostradas en público sempiterna y brillantemente. No he conocido tipos menos interesantes, más banales y, a un tiempo, más secretamente desesperados que los tipos con suerte.

Buena, se sobreentiende.

Así que siempre he mirado con cierta aprensión a las personas que me desean suerte. Aunque sé que no es más que un deseo cortés -y supongo que bienintencionado- y que, al final, y esto es lo más importante, no van a acertar.

Creo que afortunadamente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s