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Archive for 30 abril 2016

Poema pequeño

noche

Es de noche y llueve.
Es una lluvia leve.
Su ruido al caer
llega bajo la cama.
Es un rumor
de agua afuera.

Es de noche y llueve.
Amanecerá dentro de unas horas
con la misma luz que lo hizo
el primer día de la creación,
pero con la misma luz también
que lo hará el último.

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Tocar es retocar

primavera

Hace un par de semanas hice esta foto, intentando -como si eso fuera posible- capturar parte de cierta agreste belleza con que amaneció ese día de inicios de la primavera. Como el cielo estaba cubierto por una gran y compacta nube gris, la fotografía quedó bastante oscura, sin la subyugante luz apagada que todo lo envolvía.

Luego en casa, empecé a trastear con las modernas herramientas de edición -sin conocerlas, dios me libre, en profundidad- con la intención de aclarar -dar algo más de luz a- la foto. Aquello, claro, se iba desvirtuando por momentos. Y, como les ocurre a las chicas, que cuando se arreglan -si van a una boda, es mucho peor-, lo estropean todo, recargando innecesariamente aquello que, de manera prodigiosa y natural, ellas son, sin maquillajes enfáticos, peinados delirantes o vestidos estruendosos, continué tocando y retocando los diversos niveles disponibles, explayándome especialmente con aquellos que saturan los colores.

El resultado, aun siendo vistoso, no deja de ser una parodia del paisaje real, envuelto, como estaba, en una luz apagada y levemente ambarina, entre la que surgía, sin tanta efusividad, el color exacto de las flores.

Era primavera y el día estaba muy oscuro, aunque se empeñen en contradecirlo las herramientas de edición.

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Expulsiones

reloj

Aún queda algo de tiempo, unos minutos más, antes de que suene el despertador, entre el calor tan agradable de la ropa de la cama, en donde nos quedaríamos largas horas, atrapados bajo su peso suave, hasta que finalmente, en contra de nuestro deseo, nos vemos expulsados de allí y nos levantamos.

Bajo el agua caliente de la ducha cerramos los ojos, echamos la cabeza hacia atrás y respiramos hondo, observando la piel brillar y dejando que el agua se escurra, recuperando algo de paz bajo el estruendo del chorro, hasta que finalmente cerramos el grifo y, de nuevo, nos vemos expulsados, porque tenemos prisa.

Enfrente de la taza de café y los restos de la tostada, nuestra mirada se pierde en cada minucia de la mesa, y nos gustaría que ese momento se alargara, porque el mundo, todavía, permanece aparcado ahí fuera, hasta que hay que levantarse y empezar el día, y nos vemos expulsados otra vez.

Dentro del coche, antes de llegar al trabajo, encontramos de nuevo un momento propio. La radio emite música agradable e insustancial. Nos gustaría quedarnos un rato más, oyendo aquello sin prestarle demasiada atención. Pero ya hemos aparcado y tenemos que parar el motor y nos vemos, otra vez, expulsados.

Llegamos antes de tiempo a la salida del colegio. Sorprendentemente todo está en calma. Incluso algunos pájaros se posan en las ramas de los árboles que hay en la entrada. Hasta que es la hora de salida y suena la sirena y nos vemos, una vez más y sin remedio, expulsados de aquel paréntesis insustancial, tan agradable, del día.

Incluso en el cine, cuando ya ha terminado la película y, aún así, permaneces sentado en tu butaca mirando los interminables títulos de crédito, llega un momento en el que parpadea la luz de la sala, hasta que se enciende por completo. y te ves expulsado, de manera casi violenta, a la vida real.

Ya por la noche, delante del absurdo aparato de televisión, vas recuperando ese espacio de tranquilidad sobre esa parte del sofá que te pertenece, y quisieras que el tiempo fuera de goma y se pudiera estirar y quedarte más tiempo sin sentirte culpable, pero miras el reloj y ya es demasiado tarde y hay que irse a dormir, y empiezas a entender perfectamente cómo se sintieron Adán y Eva cuando les echaron, sin posibilidad alguna de evitarlo, del paraíso.

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Al vacío

vacio

Las máquinas de envasar al vacío cada vez se utilizan más. Estos pequeños artefactos empiezan a ser habituales en nuestra vida y les encontramos más y diversas aplicaciones. Se trata de aislar y de preservar aquello que se ha decidido envasar o resguardar con el objetivo de alargar así su vida útil. (Aunque mientras permanece envasado al vacío no nos es útil y tampoco se puede decir que tenga vida)

Así que podemos introducir aquello que queramos resguardar -o dejar intacto para más adelante- en una bolsa hermética y proceder a retirarle el aire que lo rodea. (Es como si lo asfixiáramos sin matarlo). Si es algo sólido, con la necesaria dureza para soportarlo, podemos extraer el aire al 99%, aunque si aquello en cuestión es algo más delicado, debemos retirarle algo menos de aire para evitar que resulte aplastado y desfigurado.

De esta manera tendremos aquello que hemos decidido -o visto obligados a- envasar al vacío conservado durante un mayor período de tiempo. Siempre y cuando, claro, que lo mantengamos después en un ambiente más bien fresco. Aunque mucho mejor, si está definitivamente congelado.

Vistas todas estas posibilidades, hace tiempo que decidió envasar al vacío sus sentimientos.

(Solo cuando rompemos ese odioso envase de plástico podemos decir que aquello que preservamos -tan cruelmente envasado al vacío- recupera la vida y nos puede ser -por fin- útil. O no. Pero, al menos, vuelve a respirar)

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Historia Troyana Polimétrica 2

Cuando las cosas no vienen del todo bien dadas o simplemente nos disgusta -o nos aburre- lo que vemos a nuestro alrededor, no digo que sea una solución -creo que no las hay-, pero sí que pueda ser una pasajera -aunque anticuada- vía de escape buscar refugio en un libro.

Pero como ahora las cosas, y lo que nos disgusta, y lo que nos aburre, se empeñan en hacerlo con mayor ahínco, decidí buscar ese refugio lo más lejos posible, no sé si por los siglos XIII o XIV, en un libro olvidado del que no quedan más que fragmentos.

Leerlo -aunque sea en una edición más o menos actual- ha sido como si estuviera obligado a hacerlo con cuidado para que no se deshiciesen sus viejísimas páginas. Ha sido como pasear por una castigada ruina en la que refugiarse durante unas horas al menos.

Se trata de una traducción -bastante libre y propensa a las amplificaciones- del Roman de Troie de Benoît de Sainte-Maure, original francés escrito en el siglo XII por un clérigo normando. La leyenda de Troya siempre estuvo presente en el imaginario clásico. Y aquí en nuestras tierras fue traducida en prosa, aunque abundantemente entreverada por trozos versificados en los que se recrea y divierte el infiel traductor, acaso por un clérigo castellano algún tiempo después. Unos eruditos piensan que en el siglo XIII, y otros, algo más tarde, en tiempos de Alfonso Onceno, allá por mediados del siglo XIV.

Esta traducción llena de versos originales es -muy poco, por cierto- conocida como Historia Troyana Polimétrica y permanece en el mayor de los olvidos, tal vez debido a su escasa consideración crítica o a su estado incompleto. Menéndez Pidal ya decía hace unos cuantos lustros que estamos ante “una ruina delicadísima que no ha hallado un conservador cariñoso que la desescombre”. Tal vez sea mejor así.

Historia Troyana Polimétrica 3

En aquellos años, los traductores no se andaban con tantos remilgos como ahora. Basaban su trabajo en dos recursos: las amplificaciones y las supresiones. Así, era difícil distinguir traducción de creación. Como si no fueran lo mismo. Nuestra Historia Troyana Polimétrica utiliza a discreción estos dos recursos.

Lo que más puede interesar al lector de hoy -si hubiera alguno- es la parte versificada, en la que el traductor se divierte en variaciones sobre los temas que, más adustamente, le ofrece el original francés. Y lo que más llama la atención es la variedad de estrofas y metros utilizados, ya que los utiliza según sea el carácter del tema tratado (cuaderna vía para las batallas, endechas para la profecía de Casandra, cuartetas para los casos de amor…)

Porque todo el follón que acaba desembocando en el asedio de Troya tiene su origen en los amores imposibles o poco recomendados en los que se empecinan los jóvenes. Todo, por culpa de estos amores, andará después manga por hombro.

Diomedes, cuitado, persigue a Briseida, que escapa finalmente con Troilo…

Mas soy maravillado
del homne que siempre ama
e siempre anda cuitado
por muger que lo desama.

Y Casandra advierte y profetiza.

¡Gent perdida,
mal fadada,
confondida,
desesperada,
gente sin entendimiento,
gente dura,
gente fuerte
sin ventura,
dada a muerte,
gente de confondimiento!

Para que todo acabe finalmente. (Y ya lo dejo y abandono estas ruinas de las que apenas he podido entresacar algo, esto que habéis leído aquí y apenas un paseo a media tarde a solas)

Troya toda fues quemada
e tornada en ceniza.

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Las aguas

river

todos dicen que las aguas
volverán a su cauce
pero aunque sea cierto
todos saben también que
las aguas que volverán
a su cauce serán ya otras

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Nido (3)

La curiosidad -una de las principales causas de mortandad entre los gatos- me llevó, de nuevo, a acercarme por la zona en la que el otro día descubrí un nido entre unos arbustos. Si entonces provoqué que el pájaro que empollaba sus huevos saliera despavorido, en esta nueva -y ya premedita- incursión, volví a ocasionar -otra vez- una huida precipitada, un nuevo abandono.

Al menos, pude comprobar que no fui el causante de algo irreparable. La vida, a pesar de los riesgos inesperados, sigue su curso, con una sabia combinación de instinto y paciencia.

Allí estaban los polluelos, tan feos como vulnerables, percibiendo las primeras luces, removiéndose como si quisieran terminar de desprenderse de los últimos restos de la cáscara, esperando que no tardara mucho en regresar su madre, a ser posible con algo de comida, y confiando en que, a partir de ahora, fuera todo bien.

Así que me fui.

nido_polluelos

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