Al vacío

vacio

Las máquinas de envasar al vacío cada vez se utilizan más. Estos pequeños artefactos empiezan a ser habituales en nuestra vida y les encontramos más y diversas aplicaciones. Se trata de aislar y de preservar aquello que se ha decidido envasar o resguardar con el objetivo de alargar así su vida útil. (Aunque mientras permanece envasado al vacío no nos es útil y tampoco se puede decir que tenga vida)

Así que podemos introducir aquello que queramos resguardar -o dejar intacto para más adelante- en una bolsa hermética y proceder a retirarle el aire que lo rodea. (Es como si lo asfixiáramos sin matarlo). Si es algo sólido, con la necesaria dureza para soportarlo, podemos extraer el aire al 99%, aunque si aquello en cuestión es algo más delicado, debemos retirarle algo menos de aire para evitar que resulte aplastado y desfigurado.

De esta manera tendremos aquello que hemos decidido -o visto obligados a- envasar al vacío conservado durante un mayor período de tiempo. Siempre y cuando, claro, que lo mantengamos después en un ambiente más bien fresco. Aunque mucho mejor, si está definitivamente congelado.

Vistas todas estas posibilidades, hace tiempo que decidió envasar al vacío sus sentimientos.

(Solo cuando rompemos ese odioso envase de plástico podemos decir que aquello que preservamos -tan cruelmente envasado al vacío- recupera la vida y nos puede ser -por fin- útil. O no. Pero, al menos, vuelve a respirar)

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2 comentarios sobre “Al vacío

    1. Cierto. Ya no es posible.
      Otra cuestión sería la de averiguar por qué el protagonista de este microrrelato -aunque sea demasiado extenso para ser calificado de micro, y demasiado poco interesante para ser considerado como relato- decidió guardar, preservar, resguardar -o hibernar- al vacío sus sentimientos, como si fueran un trozo de carne o un pescado.
      Luego, al final, también resulta complicado abrir esos paquetes tan herméticamente cerrados, por mucho que en una de sus esquinitas ponga aquello tan engañoso -y tan alejado de la realidad- de Abre Fácil. Siempre tiene uno que terminar acudiendo, si lo tiene a mano, a un cuchillo o a unas tijeras para hacerlo, después de haberse pasado un buen rato intentando abrir esa solapilla tan odiosa. O si no, a mordiscos sin más.
      Gracias por comentar.

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