Expulsiones

reloj

Aún queda algo de tiempo, unos minutos más, antes de que suene el despertador, entre el calor tan agradable de la ropa de la cama, en donde nos quedaríamos largas horas, atrapados bajo su peso suave, hasta que finalmente, en contra de nuestro deseo, nos vemos expulsados de allí y nos levantamos.

Bajo el agua caliente de la ducha cerramos los ojos, echamos la cabeza hacia atrás y respiramos hondo, observando la piel brillar y dejando que el agua se escurra, recuperando algo de paz bajo el estruendo del chorro, hasta que finalmente cerramos el grifo y, de nuevo, nos vemos expulsados, porque tenemos prisa.

Enfrente de la taza de café y los restos de la tostada, nuestra mirada se pierde en cada minucia de la mesa, y nos gustaría que ese momento se alargara, porque el mundo, todavía, permanece aparcado ahí fuera, hasta que hay que levantarse y empezar el día, y nos vemos expulsados otra vez.

Dentro del coche, antes de llegar al trabajo, encontramos de nuevo un momento propio. La radio emite música agradable e insustancial. Nos gustaría quedarnos un rato más, oyendo aquello sin prestarle demasiada atención. Pero ya hemos aparcado y tenemos que parar el motor y nos vemos, otra vez, expulsados.

Llegamos antes de tiempo a la salida del colegio. Sorprendentemente todo está en calma. Incluso algunos pájaros se posan en las ramas de los árboles que hay en la entrada. Hasta que es la hora de salida y suena la sirena y nos vemos, una vez más y sin remedio, expulsados de aquel paréntesis insustancial, tan agradable, del día.

Incluso en el cine, cuando ya ha terminado la película y, aún así, permaneces sentado en tu butaca mirando los interminables títulos de crédito, llega un momento en el que parpadea la luz de la sala, hasta que se enciende por completo. y te ves expulsado, de manera casi violenta, a la vida real.

Ya por la noche, delante del absurdo aparato de televisión, vas recuperando ese espacio de tranquilidad sobre esa parte del sofá que te pertenece, y quisieras que el tiempo fuera de goma y se pudiera estirar y quedarte más tiempo sin sentirte culpable, pero miras el reloj y ya es demasiado tarde y hay que irse a dormir, y empiezas a entender perfectamente cómo se sintieron Adán y Eva cuando les echaron, sin posibilidad alguna de evitarlo, del paraíso.

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2 comentarios sobre “Expulsiones

  1. Ninguna comparable a la expulsión primigenia, nuestro aterrizaje en este mundo, dónde además, como bienvenida, se nos hace llorar. Menos mal que ésa, al menos, no la recordamos.

    1. Cierto. Esa fue la primera y la más gorda.
      Después, la vida -la vida diaria, la vida en minúsculas- no es más que una sucesión de pequeñas expulsiones de pequeños paraísos. Es como si todavía viviéramos a la sombra de esa espada que enarbolaba ese ángel que echó con cajas destempladas a Adán y Eva del paraíso. Con ella les amenazaba y con ella les enseñaba el camino. “A tomar por culo de aquí. Fuera”.
      Pero lo más curioso -y lo más importante- es la capacidad que tenemos para seguir fabricándonos pequeños -y nuevos- paraísos. Aunque ya sabemos que, más pronto que tarde, aparecerá ese ángel de la espada, tan pesado, que nos expulsará de nuevo.
      Gracias -again- por comentar. Y por seguir leyendo.

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