Según formatos

formatos

No me gusta leer lo que he escrito. Hacerlo me supone tener que enfrentarme a -y asumir- demasiadas carencias. Descubro cosas que no me gustan o que considero superfluas. Si tuviera una mayor capacidad de trabajo lo reescribiría todo de nuevo. Y si tuviera una mayor capacidad de decisión, lo destruiría. Algo parecido me sucede con los espejos: procuro evitarlos.

Así que rara vez vuelvo a releer lo que he escrito.

Cuando alguna vez -llevado por el aburrimiento o por una curiosidad malsana y retrospectiva- me he aventurado a ello, he sentido cómo el texto en cuestión -siendo el mismo- era capaz de modificar su capacidad -si es que tuviera alguna- de sugerencia, y no porque hubiera pasado el tiempo o cambiado el estado de ánimo. No me refiero a eso.

El mismo texto escrito a mano en un primer borrador -o directamente en el ordenador- podía ser interpretado de una manera más benévola y podía sugerir más cosas -que luego, al ser editado y subido a la red, se perdían o quedaban menos. Cuando ya se había hecho público y estaba dentro de una plantilla, formando parte de un continuo, se le empezaban a ver ciertas inconexiones. El texto, siendo, como era, el mismo, sin haber cambiado ni una coma, había perdido frescura, algo así como su inocencia original.

Esto ocurría viéndolo ya en la pantalla del ordenador, y era como si estuviera el texto dentro de una vitrina o de una hornacina; aunque algunos de ellos, debido a su carácter, bien parecían estar ya en un nicho.

Pero no acaban aquí las invisibles -pero ciertas- modificaciones que sufren los textos dependiendo del formato en el que son mostrados y leídos. Si alguna vez he intentado leerlos en un móvil, la sensación ha sido la de estar leyendo un texto completamente distinto. Era el mismo, letra por letra, palabra por palabra, pero leído así, parecía que se estaba deshilvanando, que su precaria sintaxis había terminado por descomponerse. Menos mal que lo utilizo poco.

Así que si, en un fugaz rapto de imaginación, he podido llegar a pensar en cómo quedaría todo esto, o al menos una parte, reproducido en un libro -en uno tradicional, de papel, quiero decir-, al imaginar que, de esa manera, adquirirían los textos, tal vez, un aire más serio, una categoría vamos a decir que superior, al quedar inserto en lo que se ha venido considerando como alta cultura -y no estos enredos de internet-, he ahuyentado de inmediato la idea.

Era lo que le faltaba a estos textos. Creo que están mejor así.

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2 comentarios sobre “Según formatos

    1. Sí, parece que al tener forma de libro adquiere inmediatamente más prestancia.
      Pero, no sé, últimamente se ha desprestigiado bastante: no hay más que darse una vuelta por las librerías…
      Gracias por leer. (Aunque sea desde un móvil)

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