Cristales

tapia

Botellas de cristal rotas, para que, después, los trozos de vidrio, lo suficientemente grandes, disímiles y cortantes, sean colocados, con las puntas y los bordes hacia arriba, dibujando una cenefa tosca e irregular, sobre el cemento fresco que corona la tapia y que, al cabo de unas horas, ya seco, formará una cresta, brillante al sol, amenazante y disuasoria.

A los faquires les encanta.

Y andan de noche sobre ellos sin intención de entrar a robar nada, simplemente por el puro placer de caminar, descalzos y en equilibrio, sobre los bordes y los filos, tan fuertemente sujetos, de los trozos de vidrio. Incluso se tumban sobre ellos para descansar a la luz de la luna, que los hace, tenuamente, brillar.

Luego, los faquires vuelven a sus casas, andando sobre el piso tan llano del camino y se tienden sobre mullidas camas en las que no pegan ojo.

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