Verano

paja

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Los tallos de la hierba seca finalmente se quiebran hasta quedar triturados, convertidos casi en polvo que el viento arrastra. Respiramos cada minúsculo fragmento. Todo es dorado ahora.

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Debajo del abdomen poseen los machos unas membranas quitinosas que se encargan, en las horas de más calor, de mover frenéticamente para que chirríen. Esta chicharra se las debe estar destrozando ahora.

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Restos de sandía sobre la mesa sin recoger. Alguna mosca acude y se posa al borde de los charquitos rosas de su jugo. Liba y se frota las patas.

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Bomberos silenciosos, ocultos detrás de la línea del horizonte, trabajan incansables para apagar el incendio del crepúsculo. A estas horas de la noche ya está extinguido. Aparecen las pavesas por el cielo como si fueran estrellas.

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