Pasos

No podía conciliar el sueño. La intranquilidad se tornó angustia y el tiempo pasaba con una lentitud alquitranada. Solo podía, a duras penas, agarrar leves jirones de duermevela.

Al cabo, como surgidos de la propia oscuridad, pareció escuchar unos pasos que se acercaban de alguien que calzaba una especie de chanclas, clap clap, apenas audible y que poco a poco se dejaban oír con mayor precisión. Estaba paralizado -y creía que despierto- escuchando aquellos pasos en la oscuridad que se acercaban al pasillo que pasaba por delante de su habitación.

Empezó a tener miedo y a desear con una extrema intensidad que aquello -ese clap clap metronómico- pasara de largo y se alejara como había venido. Aunque también podía ocurrir que se dirigiera directamente a su habitación, a su misma cama.

No podría decir el tiempo que estuvo escuchando esos pasos acercarse, tal vez fueran unos segundos, tal vez horas. Creyó despertarse y ese chancleteo se diluyó en el sueño leve e intranquilo que volvió a cazar al vuelo de manera inesperada a última hora.

Cuando despertó finalmente, le costó salir de la cama. Era como si hubiera caído en ella desde una altura considerable y estuviera recomponiendo su cuerpo dolorido. Se sentó al borde y se puso las zapatillas para ir al cuarto de baño. Por el pasillo sonaba un clap clap idéntico al que le mantuvo horrorizado buena parte de la noche.

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