Tal y como él suele contarlas

Dore-munchausen

Escribir es mentir. La literatura es mentira. Contar algo implica -de manera obligatoria y necesaria- la capacidad de fabular. Y cuanto más se pretenda acercarse a la verdad, a la realidad, a los puros hechos ocurridos, incluso con una reproducción rigurosa y exacta, más peligroso y falso resulta.

Por eso resulta tan simpático nuestro barón de Münchhausen, feliz contador de historias, exagerador fidedigno y trápala mentiroso. Cuando relata los hechos y peripecias que vivió en sus viajes, su único objetivo es el de mantener despierta la atención del oyente o del lector y arrancarle cada cierto tiempo una sonrisa de asombro, complicidad o pura diversión. Estas son historias, amigos.

El barón de Münchhausen -que, lo mejor de todo, existió realmente-, cuando abandonó su vida pública, en la que destacó por su servicio en el ejército ruso en diversas campañas militares contra los turcos a mediados del siglo XVIII, se retiró a sus posesiones. Allí solía entretener las veladas con la narración de sus aventuras. Empezaba con sucesos acaecidos que, gracias a su caudalosa imaginación, enseguida derivaban en increíbles y exageradas aventuras.

Años después, un tal Rudolph Erich Raspe, en Londres, en 1785, publicó una parodia de aquellas aventuras del barón. En 1786, Gottfried August Bürger tradujo, muy libremente, las historias de Raspe de vuelta al alemán y las amplió con nuevas aportaciones del folclore popular y de su propio magín.

A partir de estas asombrosas -y literalmente increíbles- hazañas, como cabalgar sobre una bala de cañón, viajar a la Luna, salir de una ciénaga tirándose de su propia coleta, bailar en el estómago de una ballena o cabalgar sobre un caballo partido por la mitad que no paraba de beber, claro, se creó todo un personaje literario, una especie de estrafalario antihéroe, en tiempos tan hieráticos y racionales.

Fue G.A. Bürger quien le dio forma definitiva, con nuevas aventuras y un estilo vivo y directo, a dichas historias. Es la suya la versión más difundida y popular de estos “viajes prodigiosos por tierras y mares, campañas y aventuras festivas del barón de Münchhausen, tal y como él suele contarlas en su tertulia junto a una botella”.  Siempre está presente en ellas la pura alegría de contar, y ya que te pones a contar, la de contar las más descabelladas e imaginativas mentiras.

El barón de Münchhausen

Al barón de Münchhausen da la impresión -como le ocurre a los buenos escritores- de que le daba un poco igual ser creído o no -eso es única responsabilidad del oyente o lector-, le era suficiente saber que los que lo hacían, estaban pasando un buen rato. Porque de eso se trata, ¿no? Y junto a una botella, además.

Después de la de G.A. Bürger ha habido innumerables versiones posteriores, adaptaciones al público infantil y secuelas de todo tipo, sin contar sus adaptaciones al cómic o al cine. Todo este trajín editorial, todas estas variaciones, amputaciones o añadidos, parecen sentarle bien a la obra.

Ha llegado el singular barón a ser una figura icónica en la literatura infantil, aunque es estas versiones supongo que habrán suprimido uno de los episodios marítimos del barón.

“En efecto, cuando la primera vez se fue la ballena llevándose al barco, se hizo en éste una grieta y el agua penetró por ella tan violentamente que todas nuestras bombas no hubieran podido mantenernos a flote más de media hora. Por suerte fui yo quien descubrí el daño. Era un gran agujero, de un pie aproximadamente de diámetro. Intenté taponarlo por todos los medios, pero vanamente. Finalmente, salvé aquel noble buque y a su numerosa dotación gracias a la ocurrencia más feliz del mundo. Aunque el agujero era tan grande, pude taparlo con mis partes más sensibles, sin quitarme los calzones; y la verdad es que hubiera podido hacerlo aunque la abertura hubiera sido mucho mayor”.

Luego tuvo que venir un carpintero para, con mucho cuidado, desencajarlo.

Pensará el lector que exagera, porque está mal acostumbrado y desconfía por culpa de otros viajeros menos veraces, pero como reconoce el mismo barón:

“Muchos viajeros afirman a veces más cosas de las que, en rigor, son verdaderas. Por eso no es de extrañar que lectores u oyentes se sientan un tanto inclinados al escepticismo. No obstante, si alguno de los presentes dudase de mi veracidad, tendría que compadecerlo sinceramente por su poca fe y rogarle que nos dejara antes de que comience mis aventuras marineras, que son casi más asombrosas aunque no menos auténticas”.

Pero si alguien se empeña en tildarlas de simples embustes, que sepa que si no son ciertas estas aventuras es porque no pueden serlo, no por otra cosa, no por la nobleza de espíritu y valentía del que las cuenta, porque…

“En todos estos casos, señores, de los que siempre salí bien librado pero siempre a duras penas, me ayudó el azar que, gracias a mi valor y presencia de ánimo, pude inclinar a mi favor”.

Münchhausen_10

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2 comentarios sobre “Tal y como él suele contarlas

    1. Porque él nunca mentía. Sus historias eran verdaderas. Verdaderamente imaginadas.
      Y hay que saber imaginar verdaderamente.

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