A band

manopla

Eran jóvenes con ganas de hacer algo. Algo creativo, básico e intenso. Después de darle algunas vueltas, decidieron finalmente montar un grupo, crear una banda capaz de sonar de una manera básica, distinta e intensa.

No eran muy diestros con sus respectivos instrumentos, así que, un buen día, como en broma, empezaron a tocar esos primeros esbozos de canciones con unas manoplas. Hacía mucho frío en el local de ensayo. Bajista, guitarrista y batería se enfundaron unas gruesas manoplas de piel y empezaron a tocar con un entusiasmo inusitado. Aquello, en contra de lo que se pudiera suponer, sonaba de miedo. Era intenso y muy básico, totalmente primitivo. Habían encontrado su sonido.

Sus primeros conciertos fueron un tanto confusos, tanto por su sonido amazacotado, como por la perplejidad del público de las primeras filas. Un repertorio con personalidad y una actitud desconcertante les fue suficiente para convertirse en una banda, si no de éxito, sí de culto, con una legión de seguidores enmanoplados. Acudían a los conciertos con una manopla en una mano y con un acusado sentido de pertenencia a un movimiento nuevo y básico. Está de más comentar que lo que les unía era su odio visceral a los punteos de guitarra.

Aquello empezó a crecer y, antes de empezar a grabar su segundo disco, les fue ofrecido un suculento contrato por una de las más grandes discográficas. La firma del acuerdo tuvo lugar en una de las más altas plantas de uno de los más grandes edificios de la más grande ciudad del país. Acudió incluso la prensa para inmortalizar el momento. Los miembros de la banda firmaron el contrato con manoplas. Las firmas tenían un trazo infantil y primitivo. Fue una gran idea de la discográfica. Al día siguiente aparecieron en la prensa, sonrientes y estudiadamente despeinados, sujetando las carísimas plumas estilográficas en la mano enfundada en una gruesa manopla de piel.

No escatimaron medios para la grabación y hasta un afamado productor extranjero fue puesto a su disposición. Se incorporó un prestigioso pianista a las sesiones y algunos de los temas fueron adornados por una pequeña orquesta de cámara. Su sonido estaba evolucionando. Aunque también mantenían -un poco como pose- cierto espíritu de rebeldía. Y por eso exigieron que tanto el pianista como todos y cada uno de los miembros de la orquesta tocaran sus instrumentos con manoplas. Al principio, el productor se opuso, aunque finalmente -como le daba igual- accedió. Luego tuvo que reconocer, una vez escuchados los resultados, que aquello sonaba de miedo.

El éxito les asaltó. Vivieron unos meses en una nube de excitación y excesos. El mundo era un juguete divertidísimo. Su música atronaba, nueva, distinta e intensa, en cada rincón. Eran jóvenes, guapos y famosos.

Hasta que un buen día, su líder, principal compositor, cantante y guitarrista, aburrido en la habitación de un hotel, sin saber muy bien por qué, cogió la guitarra y se olvido de las manoplas. Asustado, empezó a tocarla con sus dedos. Su sonido cálido y nítido le produjo escalofríos.

Esa misma noche les dijo a los restantes miembros de la banda y al mánager que abandonaba el grupo, que aquello se había terminado. Lo que no les comentó es que también había decidido abandonar la música para siempre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s