Junto al desagüe

Cuando bajó al sótano -que, en realidad, no era un sótano, sino más bien un entresuelo, una especie de amplísima estancia que podría hacer las funciones de bodega o garaje, en el que se acumulaban trastos de toda índole, armarios llenos de cosas que ya no se usaban, bicicletas cubiertas de polvo y una mesa de pimpón que sólo se utilizaba fuera, en el patio, cuando venían invitados, como mesa auxiliar y para todo, y que al otro extremo albergaba un espacio para la lavadora que aún funcionaba y para una secadora que llevaba años estropeada y un gran canasto para la ropa sucia- en busca de una cuerda para añadir al tendedero que había en el patio trasero, se asomó a la gran pila que había junto a la vieja lavadora y descubrió, sobre la superficie pulida y blanca, junto al desagüe, algo que le paralizó. Era un alacrán.

Era la época de más calor y la casa se encontraba en las afueras, ni en el pueblo, ni el campo, pero, aún así, no podía explicarse cómo podía haber llegado hasta allí. Tampoco quería preguntarse si era el único. Pero allí estaba, parado, estático más bien. Brillaba más que la pila.

Debió coger algo contundente, una botella vacía, una caja lo suficientemente llena, y aplastarlo sobre la lisa superficie, antes de que escapara, hasta que muriera. Pero no lo hizo. Sintió grima sólo al imaginar el desagradable crujido. Tuvo tal vez miedo. Así que decidió, armado con un cucharón de rabo largo en la mano izquierda, abrir al máximo el grifo para que fuera el agua quien se lo llevara de allí. Cayó con fuerza y enseguida formó unos convenientes remolinos. El alacrán, empujado por el rabo del cucharón, fue arrastrado hasta el borde de los suficientemente grandes orificios del desagüe. Con un golpe final fue engullido. Mantuvo abierto el grifo con toda su potencia durante unos minutos para que fuera arrastrado definitivamente. Con cierto escrúpulo tapó el desagüe con un azulejo, apagó la luz y volvió a subir con la cuerda.

Pronto olvidó el desagradable e intrascendente episodio, pero por la noche durmió mal. Le vino a la cabeza la nítida imagen del alacrán. Y se empezó a obsesionar con la idea de que actuó mal, de que tenía que haberlo matado, aplastado definitivamente, y no expulsarlo a través del desagüe con el chorro de agua. Pensaba ahora que podía seguir vivo, escondido en algún recodo de la cañería. No sabía cuáles eran sus características, su capacidad de resistencia al agua. Acaso podría tal vez salir por cualquier otro desagüe de la casa. Medio en sueños, se vio colocando azulejos en todos y cada uno de ellos.

A la mañana siguiente, mientras se afeitaba, no podía evitar mirar de reojo, de vez en cuando, al desagüe del lavabo, no sabemos si con miedo o con la esperanza de que apareciera.

alacrán

Anuncios

5 comentarios sobre “Junto al desagüe

    1. Escorpiones dentro de una guitarra… Hace falta muy poco para desequilibrar nuestra plácida vida.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s