La conveniente dispersión de las callejas

calleja

Cuando sales del pueblo no te encuentras con el campo directamente. Accedes a él por diversas callejas, convenientemente distribuidas en todas las direcciones posibles. Se ramifican hacia el sur más llano, hacia el este más intrincado, hacia el oeste sorteando los arroyos o hacia el norte más agreste y montañoso. Es el sistema circulatorio de los campos y de las sierras. Todo está -o estaba- debidamente comunicado.

Aunque hace años, por el abandono, cegadas por la maleza o, sobre todo, usurpadas por los dueños de las fincas colindantes, muchas de estas callejas se han visto cerradas, desaparecidas, destruidas, dejando al caminante sin referencias y sin accesos. Pero algunas todavía perviven, aunque tan solo sea fragmentariamente. Son como los hilos, todavía resistentes, de un viejo tapiz roto.

Acaba de amanecer y el sol me deslumbra. Camino por las callejas, entre las paredes de piedra, con la sensación de no hacerlo solo.

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