La historia de Tal y Cual

TyC

Aunque Tal era para Cual, Cual no sería nunca para Tal. Se pusiera como se pusiera el tal Tal. Y ahí empezaron, como empiezan siempre, los problemas.

Todo parecía que iba a ser tal cual -Tal para Cual-, pero Cual, que no era cualquiera, no soportaba a Tal. Al tal Tal, como le llamaba. No sabía por qué tenía que resignarse a tal desatino y cuál era la causa de tal imposición. Tal insistía -tal y tal y tal- en que Cual debía ser para Tal, así, tal cual, empeñado en que Cual sería, tarde o temprano, se pusiera como se pusiera, para él, o sea, para Tal, tal vez más adelante, cualquier día.

Pero Cual, que ya sabía cuál era la intención del tal Tal, y tal vez por eso, cual alma rebelde y contradictoria que era, prefería a cualquier otro antes que a Tal, fuera cual fuera.

Así que, en contra de lo que pudiera parecer en un principio, predestinados a estar juntos a causa de una accidental cuestión fonética, no fueron, ni mucho menos, Tal para Cual.

Pero, ¿de qué Tal estamos hablando?, ¿de qué Cual? Porque Tales hay muchos, casi tantos como Cuales, y, a pesar de lo que digan las apariencias, no siempre -más bien casi nunca- son Tal para Cual.

Aunque luego, al final, todo acabe tal cual.

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